La catarsis al correr: ¿mito o método eficaz?
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La catarsis al correr: ¿mito o método eficaz?

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Por Marie Paturel

Publicado el mié, 9 de septiembre de 2026

Actualizado el mié, 9 de septiembre de 2026

«¿Estás enfadado? ¡Sal a desahogarte, te sentará bien!» Este consejo popular pasa de generación en generación sin perder vigencia. Cuando estamos enfadados, estresados o contrariados, solemos pensar que la solución consiste en liberar tensiones mediante el esfuerzo físico. ¿Es realmente una buena idea?

Algunos se conforman con golpear los cojines del sofá (gritando hasta quedarse sin voz, aunque los vecinos se acuerden de toda nuestra familia), mientras otros se calzan las zapatillas y salen a correr como alma que lleva el diablo. Pero ¿son el deporte y, más concretamente, la carrera a pie remedios eficaces contra los problemas de la vida personal o profesional? ¿Puede el running producir una catarsis?

¿Cata… cátara… qué?

La palabra «catarsis» procede del griego katharsis, que significa purificación, limpieza, separación de lo bueno y lo malo. La catarsis designa, por tanto, la purga de las emociones negativas, acompañada de un cambio positivo en la vida de la persona. En psicoanálisis, es un recurso terapéutico mediante el cual el médico ayuda al paciente a liberarse de sus traumas afectivos reprimidos. Se trata de sacar de dentro todo aquello que nos pesa: estrés, tensión, rabia, irritación, miedo… Hay varias formas de lograr una catarsis. Además de recurrir a la terapia psicológica, podemos hablar con un amigo, escuchar música, escribir lo que sentimos o hacer deporte. ¿Cómo puede ayudarnos la actividad física a hacer las paces con nosotros mismos y con los demás?

La acción frena la emoción

Los preparadores mentales lo saben desde hace tiempo: para canalizar una emoción, por ejemplo antes de una competición, es mejor mantenerse activo. Poner el cuerpo en movimiento ayuda a gestionar mejor la tensión mental. La mente se concentra en la acción que está realizando, en lugar de quedarse atrapada en la ansiedad por la carrera del día siguiente. Del mismo modo, cuando damos vueltas a nuestras preocupaciones, salir a correr puede ayudarnos a recuperar la calma. A menudo, los pensamientos siguen girando durante los primeros minutos del rodaje, pero pronto pierden intensidad y terminan desapareciendo, sustituidos por la atención a la actividad que estamos practicando. En ese sentido, correr proporciona cierto bienestar porque corta las rumiaciones. El efecto es aún mayor si somos capaces de correr con plena atención, es decir, de concentrarnos en el presente y en todas las sensaciones que experimentamos: el aire en la cara, el calor en los brazos, el olor de la naturaleza, el color de las flores y del cielo… Conectar con el «aquí y ahora» permite liberar emociones negativas y pensamientos recurrentes.

La carrera a pie, una disciplina de resistencia, también genera bienestar porque estimula la producción de endorfinas, esas famosas hormonas a las que enseguida nos volvemos adictos por la sensación de placer que provocan. Al darnos una dosis habitual de endorfinas, tenemos la impresión de que correr nos ayuda a sentirnos mejor. Si corremos durante el tiempo o con la intensidad suficientes, el ejercicio físico produce un cansancio que favorece el sueño, mejora la recuperación y, en general, nos ayuda a sentirnos en mejor forma. Los problemas resultan más fáciles de afrontar cuando estamos más descansados.

Para superar los obstáculos de la vida, no es raro que algunas personas se entreguen en cuerpo y alma a la carrera a pie. Entrenar se convierte en una prioridad porque la actividad genera un bienestar que echamos en falta: mientras corremos, nos olvidamos de nuestros problemas. El entrenamiento funciona como un paréntesis dentro de la vida de la que proceden nuestras preocupaciones, angustias y miedos. Así, corremos cada vez más a menudo y durante más tiempo, para que ese momento fuera del tiempo y del «mundo real» ocupe cada vez más espacio. En ese caso, ¿estamos logrando realmente una catarsis? ¿O simplemente estamos huyendo sin llegar a purificarnos?

¿Y si solo fuera un mito?

Muchos corredores afirman que la carrera a pie fue su terapia. Que correr les permitió atravesar una etapa difícil de su vida, superar problemas graves y liberarse. A veces incluso salvarse. Algunos casos conocidos ilustran el papel salvador del running. Pero ¿no estaremos engañándonos? ¿No nos negamos a ver lo que realmente hay detrás de la práctica, a veces desmedida, de la carrera a pie? Aunque correr ofrece numerosos beneficios para la salud, también puede tener efectos perjudiciales: lesiones, trastornos de la conducta alimentaria, sobreentrenamiento, aislamiento social y familiar, vigorexia…

Quienes alaban los beneficios del running para su salud mental, sin embargo, tienen parte de razón. El deporte abre a la vez un espacio para el desahogo físico y un tiempo solo para nosotros, en el que volvemos a conectar con nosotros mismos, con nuestro cuerpo y con nuestras sensaciones. Sin necesidad de purgar por completo la mente de preocupaciones y rumiaciones, el running permite concedernos una pausa en medio del torbellino de pensamientos y emociones. Si además quedamos satisfechos con la sesión, incorpora al proceso una recompensa, un motivo para sentirnos orgullosos. Correr inyecta algo positivo en un circuito por el que solo circulaba lo negativo.

Pero ¿permite el running alcanzar una catarsis? No está tan claro. Algunos estudios han demostrado que, cuando se intenta calmar la ira, puede ser más útil practicar yoga, meditación o ejercicios de respiración que salir a correr, montar en bicicleta o boxear. Dicho de otro modo, cuando estamos especialmente alterados, es preferible optar por actividades tranquilas en lugar de aquellas que elevan aún más el nivel de activación. Si estamos irritados, quizá no sea la mejor idea salir a correr durante dos horas. Del mismo modo, si tendemos a desvalorizarnos y sufrimos una falta de confianza en nosotros mismos, probablemente no sea muy buena idea correr en grupo o en un lugar donde vayamos a compararnos con los demás: encontraremos infinidad de motivos para alimentar las rumiaciones y, por tanto, para no sentirnos mejor. Otro ejemplo: escapar de una situación tensa en la pareja saliendo a correr siempre que sea posible puede mantener las tensiones e incluso agrandar la distancia entre ambos. Si el tiempo que uno pasa fuera trotando supone una bocanada de aire fresco, es muy probable que termine asfixiando la complicidad, la comunicación y la calma en casa. Podrían multiplicarse los ejemplos y enumerarse infinidad de casos reales. Mal utilizada, la carrera a pie puede resultar totalmente contraproducente.

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En definitiva, resulta difícil zanjar la cuestión: ¿mito o realidad la catarsis a través del running? No existe una respuesta universal, porque depende de cada persona y del tipo de problema que se intenta aliviar mediante la actividad deportiva. Probablemente cada cual deba comprobar qué puede aportarle la carrera a pie, sin olvidar que el exceso suele ser sinónimo de huida, aturdimiento o incluso rechazo a enfrentarse a la realidad. Es indudable que correr para olvidar los problemas no resuelve nada y se parece más al subidón efímero de una persona dependiente. En cambio, la carrera a pie puede integrarse perfectamente en un proceso más amplio para encontrarse mejor. Entonces sí es un verdadero «deporte salud» en todas sus dimensiones: física, mental y social. También puede ser una etapa dentro de un proceso de recuperación, siempre que se entienda como tal y no como un fin en sí mismo.

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