Inspirado por el éxito del primer maratón olímpico de Atenas en 1896, el Maratón de Boston nace un año más tarde, el 19 de abril de 1897. Miembro de los Abbott World Marathon Majors, esta prueba mítica se distingue por su extrema exigencia y su estricto sistema de marcas mínimas requeridas para clasificarse.
El día D, la logística es una aventura en sí misma: los 30 000 participantes deben llegar a la línea de salida situada en Hopkinton, al oeste de Boston, antes de recorrer los 42,195 kilómetros que los separan de la meta. Una vez dada la salida, el perfil ondulado no da tregua. La dificultad alcanza su punto álgido alrededor del kilómetro 33 con la temible Heartbreak Hill, una subida que destroza piernas y moral, antes de lanzarse hacia la liberación en las calles de Boston.
Pero Boston también saca su fuerza de su resiliencia. Profundamente marcado por los atentados del 15 de abril de 2013, el evento supo reinventarse. Ya en la edición siguiente, en 2014, la comunidad de corredores respondió presente: el pelotón se amplió excepcionalmente a 36 000 inscritos, uno de los más importantes de la historia de la prueba.
Este maratón se celebra en Patriots’ Day, un día de celebración en Massachusetts y en Maine cada tercer lunes de abril. Esta jornada conmemora las batallas de Lexington y Concord, que marcaron el inicio de la guerra de independencia estadounidense. A este festivo simbólico se le llama además «Marathon Monday».
Los 42,195 kilómetros de Boston también quedaron marcados por uno de los engaños más famosos de la historia del maratón. En 1980, la estadounidense Rosa Ruiz cruzó la meta en primera posición con un tiempo de 2 h 31 min 56 s. Sin embargo, había abandonado el recorrido antes de reaparecer a pocos kilómetros de la llegada, tras tomar el metro. Su tiempo logrado unos meses antes en el Maratón de Nueva York, obtenido en circunstancias similares, le había permitido clasificarse para Boston. Descubierta por los periodistas y por varias incoherencias en su relato, finalmente fue descalificada.
El Maratón de Boston es uno de los grandes maratones más difíciles de acceder: una gran parte de los corredores debe conseguir una marca clasificatoria, definida según la edad y el sexo, para poder aspirar a un lugar en la línea de salida.