Autorretrato del autor como corredor de fondo: Haruki Murakami y el running
Publicado el jue, 10 de septiembre de 2026
Actualizado el jue, 10 de septiembre de 2026
Publicado en Japón en 2007, De qué hablo cuando hablo de correr es una obra singular en la bibliografía de Haruki Murakami. El escritor japonés comparte su experiencia personal con el running y ofrece al lector una inmersión en su día a día, sus hábitos y su visión del esfuerzo. Una lectura sencilla y estimulante.
Conocido en todo el mundo por sus novelas, que mezclan realismo y surrealismo, Haruki Murakami escribió un libro muy particular: De qué hablo cuando hablo de correr. Lejos de su universo de ficción, el escritor japonés habla en estas páginas de su segunda pasión, o quizá de la primera: correr. Y a medida que avanzan las páginas, uno se pregunta si el autor pretende hablar de running o de escritura. Sea como sea, el libro resulta absolutamente maravilloso para cualquiera que se enfrente a un esfuerzo largo y exigente. Puede tratarse de crear una empresa, salir de una situación personal complicada, cambiar de hábitos o lanzarse a una actividad artística… A lo largo del libro, Murakami demuestra que correr y escribir responden a una misma lógica. Ambas actividades exigen regularidad, resistencia y la capacidad de perseguir un objetivo a largo plazo. A través de sus recuerdos, sus maratones y sus reflexiones personales, el autor ofrece un texto profundamente sencillo que permite comprender mejor su trayectoria, tanto literaria como deportiva. Enamorado de la distancia reina, Haruki Murakami ha corrido numerosos maratones e incluso algunas carreras ultra. Todo un fenómeno si pensamos en la energía que exige escribir…
Haruki Murakami, uno de los escritores japoneses más leídos del mundo
Nacido el 12 de enero de 1949 en Kioto, Japón, Haruki Murakami creció en una familia de profesores de literatura japonesa. Sin embargo, muy pronto desarrolló una fascinación por la cultura occidental, especialmente por el jazz, la música clásica y la literatura estadounidense. Antes de convertirse en un escritor de renombre, Murakami regentó durante varios años un club de jazz en Tokio junto a su esposa. Es una experiencia que relata al comienzo del libro. Su primera obra, publicada en 1979, Escucha la canción del viento, tuvo una excelente acogida y le animó a seguir por ese camino. El reconocimiento internacional llegó con el tiempo, gracias a novelas como El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas, Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, Kafka en la orilla o 1Q84. Traducidos rápidamente a numerosos idiomas, sus libros han conquistado a millones de lectores gracias a su atmósfera, a unos personajes que conectan y a unos interrogantes universales. Hoy es uno de los autores japoneses más leídos del mundo. Pero, en paralelo a su carrera literaria, el escritor japonés alimenta una enorme pasión por correr y, en particular, por el maratón. Después de dejar de fumar y adoptar un estilo de vida más saludable, empezó a correr con regularidad a comienzos de los años ochenta. Pronto ya no pudo prescindir de esta práctica deportiva, que realizaba temprano por la mañana, antes de escribir. Correr se convirtió rápidamente en un elemento esencial de su equilibrio personal. Ha participado en numerosos maratones, entre ellos Nueva York y Boston. De qué hablo cuando hablo de correr permite adentrarse en el día a día del escritor y comprender la importancia de las rutinas para ayudar al cuerpo a hacer aquello que le pedimos: en su caso, correr y escribir. En sus páginas conocemos a un hombre muy disciplinado, convencido de que los grandes logros se construyen, sobre todo, a base de constancia.
Un libro que mantiene su vigencia
Desde su publicación, De qué hablo cuando hablo de correr despertó el interés de los admiradores de Murakami. La obra cosechó un gran éxito en Japón antes de ser traducida a numerosos idiomas, lo que permitió a lectores de todo el mundo acercarse a sus reflexiones. Una de las claves de su éxito reside probablemente en su sencillez. El libro adopta un tono directo y personal. El autor se dirige al lector con naturalidad y comparte sus dudas, sus dificultades y sus experiencias sin intentar esconderse. Esa sinceridad genera una cercanía inmediata con el escritor. Incluso quienes no corren pueden reconocerse en las preguntas que se plantea. Basta con sustituir la escritura por la pintura para que el libro siga funcionando. Murakami también habla con franqueza de su relación con el envejecimiento, ante el que no baja los brazos. La obra se ha convertido además en una referencia dentro de las comunidades de corredores. Su testimonio muestra que progresar depende menos del talento natural que de repetir el esfuerzo cada día. Esa es una de las grandes lecciones del libro. Esta visión realista contrasta con los discursos centrados únicamente en el rendimiento o la competición. Los lectores interesados por la literatura disfrutarán de las anécdotas vividas por el hombre que está detrás de las novelas y descubrirán, entre otras cosas, cómo la disciplina deportiva influye directamente en el proceso creativo de Murakami. El autor compara ambas disciplinas y la fórmula funciona. Casi veinte años después de su publicación, De qué hablo cuando hablo de correr sigue siendo una referencia para corredores y amantes de la literatura. El largo plazo y la perseverancia son valores centrales. Una aportación que parece inestimable en una época enamorada de la inmediatez y los resultados…
Las lecciones del libro: disciplina y resistencia
Más allá del relato autobiográfico, De qué hablo cuando hablo de correr transmite con suavidad numerosas lecciones de vida. La primera tiene que ver con la disciplina. Para Murakami, los logros más importantes no nacen de una inspiración puntual, sino del trabajo regular realizado día tras día. La idea se aplica tanto a la escritura como al running. El autor insiste en la importancia de repetir. Haruki Murakami corría por entonces 10 kilómetros al día, pasara lo que pasara, o casi. Con viento, con lluvia, durante un viaje de trabajo… Una entrega a la práctica que despierta la admiración del lector. Según él, la verdadera fuerza reside en mantener los hábitos pese al cansancio, la falta de motivación o las obligaciones cotidianas. El libro también pone el foco en la resistencia mental. Las largas distancias enfrentan al corredor con sus propios límites. Tiene que aprender a gestionar el malestar, los momentos de duda y las ganas de abandonar. Murakami lo cuenta con mucho humor. Considera esta experiencia una escuela de paciencia que ayuda a desarrollar una mayor resistencia ante las dificultades de la vida. El autor muestra también que la introspección inherente al running constituye una valiosa fuente de equilibrio personal. Por último, la obra subraya la importancia de definir el propio éxito. Para Murakami, lo esencial no es vencer a los demás, sino mantenerse fiel a los compromisos personales. Este enfoque anima a cada cual a medir sus progresos según sus propios criterios, en lugar de hacerlo en función de las expectativas ajenas.
A través de estas reflexiones, De qué hablo cuando hablo de correr va mucho más allá del deporte o del running. El libro propone una auténtica filosofía del esfuerzo y la perseverancia, aplicable a muchos ámbitos de la vida. Probablemente sea ese alcance universal el que explique por qué sigue inspirando a lectores de todos los perfiles.
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