Calor extremo y running: la hipertermia, el enemigo invisible de los deportistas
Publicado el jue, 10 de septiembre de 2026
Actualizado el jue, 10 de septiembre de 2026
El verano de 2026 vuelve a estar marcado por olas de calor intensas y recurrentes que obligan a revisar los hábitos cotidianos. Entre quienes están en primera línea figuran los deportistas, aficionados y profesionales, que deben contar con un factor ya ineludible: la temperatura. Correr temprano, hidratarse constantemente, bajar la intensidad… Aunque estas recomendaciones parezcan evidentes sobre el papel, ignorarlas con temperaturas muy altas puede resultar mortal. ¿La causa? La hipertermia por esfuerzo.
Todavía demasiado desconocida para el gran público, la hipertermia va mucho más allá de un simple « golpe de calor ». Se trata de un fallo brusco del organismo, incapaz de regular su propia temperatura durante el ejercicio. La temperatura central supera entonces el umbral crítico de los 40 °C y altera gravemente las funciones musculares, cerebrales y vitales. La actualidad más reciente lo recuerda: el pasado mes de mayo, una participante de 28 años perdió la vida durante el Hyrox de Lyon.
La hipertermia: un peligro para todos
Pensar que la juventud y una excelente condición física protegen frente a este tipo de problema es una trampa. Arthur Audo, de 21 años, lo sufrió en primera persona. Futbolista y corredor experimentado, este estudiante del IUT de Saint-Malo no tenía antecedentes médicos. Sin embargo, el 20 de junio de 2025, durante la Corrida de Langueux, disputada bajo un calor sofocante de 33 °C, su vida estuvo a punto de cambiar al completar los 13 kilómetros.
« No recuerdo nada de mi paso por la línea de meta », cuenta. Víctima de una hipertermia grave, Arthur se desplomó al llegar. Atendido de urgencia por los servicios médicos, permaneció en coma inducido durante 48 horas para intentar preservar sus órganos y mantenerlo con vida.
Los médicos fueron muy sinceros con mis padres. Había pocas esperanzas de sobrevivir.
Aunque el joven logró escapar de lo peor, las secuelas físicas siguen muy presentes un año después. « Todavía no estoy al 100 %. Mi cuerpo sigue siendo vulnerable frente al calor y el riesgo de que vuelva a ocurrir es mayor para mí ». Arthur ya ha vuelto a calzarse las botas de fútbol, pero aún no se ha decidido a volver a ponerse un dorsal. Solo es cuestión de tiempo. « Creo que es importante demostrar que, incluso después de lo que me pasó, hay que volver a levantarse ».
¿Cómo puede fallar de forma tan repentina un cuerpo joven y entrenado? El Dr. Bastien Louguet, médico del deporte, explica que el organismo funciona como un motor exigente, con una ventana de temperatura muy estrecha: « En el cuerpo, el metabolismo funciona de manera óptima dentro de una determinada zona de temperatura. Cuando el cuerpo empieza a subir demasiado, algunos órganos pueden fallar. Como todos los órganos funcionan en relación unos con otros, esto puede desencadenar una reacción en cadena con consecuencias muy graves ».
Las primeras señales de alarma, como el dolor de cabeza, los mareos, el discurso incoherente o una zancada insegura, deben hacer saltar las alarmas de inmediato. La concienciación sobre esta patología sigue siendo escasa. « Se habla del golpe de calor clásico, pero casi nadie conoce la hipertermia por esfuerzo », lamenta Arthur. « Sin embargo, puede ocurrirle a cualquiera, tanto a un aficionado como a un profesional ». Aun así, se están dando pasos: Arthur pudo contar su historia durante la conferencia anual de la Corrida de Langueux 2026. Una iniciativa destinada a prevenir y alertar a los deportistas.
El Dr. Bastien Louguet también precisa « una hipertermia es la combinación de un contexto meteorológico, un contexto de esfuerzo y un contexto individual. No existe un caso tipo ».
¿Hacia una reinvención de los eventos deportivos?
Ante el cambio climático y la multiplicación de los episodios de calor extremo, esta cuestión ya va mucho más allá de la concienciación individual. El deporte profesional y amateur se topa de frente con los límites que impone el planeta. La cancelación de grandes competiciones por las altas temperaturas, como el Ironman de Nice o algunos maratones estivales, demuestra que la adaptación debe ser global.
Las federaciones, las ligas y los organizadores de eventos ya no tienen otra opción que evolucionar. Revisar los calendarios deportivos y trasladar las pruebas a la primavera o al otoño, fijar salidas en plena noche, reforzar de forma drástica la presencia médica o establecer protocolos de cancelación sistemáticos cuando el termómetro supere los 30 °C: la salud de los participantes exige decisiones valientes. Aunque superarse y disfrutar del esfuerzo sigan siendo la esencia del deporte, ningún tiempo ni ninguna medalla justificarán jamás arriesgar la vida.