Fêtes des Vins km de Saint-Émilion: telón de fondo, piernas pesadas y la mirada ya puesta en lo que viene

Dorian Vuillet
Por Dorian Vuillet

Publicado el jue, 10 de septiembre de 2026

Actualizado el jue, 10 de septiembre de 2026

Fêtes des Vins km de Saint-Émilion: telón de fondo, piernas pesadas y la mirada ya puesta en lo que viene
© Fêtes des Vins km de Saint-Émilion

Entre hileras de viñas aún frescas bajo la luz de la mañana, caminos blancos que serpentean y châteaux que despiertan poco a poco, las Fêtes des Vins km de Saint-Émilion volvieron a dar en el clavo este domingo 12 de abril. Una edición multitudinaria, vibrante y tremendamente humana, en la que los cronos rozaron las cimas mientras otros saboreaban cada zancada como un gran cru.

7:30, Château Soutard. El sol aún duda, pero ellos no. Los maratonianos de las Fêtes des Vins km de Saint-Émilion toman la salida primero, casi en silencio, como si la distancia impusiera una forma de respeto. Delante, el grupo sale limpio, sin aparentes excesos. Detrás, cada corredor se embarca en su propia historia. Florian Laplanche, en cambio, escribe la suya sin titubear. 2:29:40, ritmo controlado y victoria clara. Una actuación sólida en un recorrido que no perdona nada, entre repechos y cambios de ritmo. Un crono de los que hablan tanto de gestión como de velocidad.

Algo más atrás, Francis Ingles, veterano inspirado del Elan Girondais Athlétisme, se hace con la segunda plaza en 2:45:21. La experiencia se hace notar. Adrien Brayet (2:52:01) completa el podio tras una carrera regular, sin alardes innecesarios. En categoría femenina, Mathilde Sulzer marca la mañana. 3:17:09, un ritmo constante y, sobre todo, la sensación de tener la carrera bajo control de principio a fin. Detrás, Juliette Bourouz (3:25:26) y Manon Collet (3:31:50) la siguen, cada una a su ritmo y en su propia batalla.

22 km: se corre de lo lindo entre dos degustaciones

En la distancia intermedia, el ritmo sube un punto. Jonathan Gerthofer impone su cadencia desde los primeros kilómetros. 1:20:37, limpio, rápido y eficaz. Detrás, Antoine Thielen (1:21:28) y Armand Fontes (1:22:39) completan un podio muy apretado. Una carrera nerviosa, marcada por cambios de ritmo constantes. Aquí no hay margen para dormirse. Cada subida vuelve a poner el motor en marcha y cada bajada invita a arriesgar.

En categoría femenina, Raphaëlle Jourdrin (1:32:58) marca el paso con autoridad. Una victoria construida de forma progresiva, casi sin hacer ruido. Delphine Bibard, con un tiempo de 1:38:03 y vinculada al Château Beauséjour, confirma la notable presencia de los dominios vinícolas en la carrera, entre competición e identidad local. Amélie Fortin, por su parte, lo da todo para terminar tercera, con un crono de 1:39:54.

12 km: fuegos artificiales a primera hora

En los 12 km no hay tiempo que perder. Jean-Baptiste Chamauleaud golpea fuerte desde el inicio. 40:47, un ritmo supersónico en un recorrido que no tiene nada de pista de billar. Detrás, Esteban Brossier (42:30) y Mathieu Tanguy (42:58) le siguen; este último corre casi en casa, por los alrededores del Château Grand Corbin-Despagne. La densidad es impresionante, con varios corredores por debajo de 44 minutos. Guillaume Martins (5.º en 43:18), Baptiste Linseele (7.º en 44:06) y Louis Quilain (8.º en 44:14), vinculado al Château Laroque, dan fe del nivel de la prueba.

Entre las mujeres, Margaux Désert firma una gran actuación. 49:23 y una primera plaza controlada. Detrás, Amélie Caplain, del prestigioso Château Cheval Blanc, se aferra a una sólida segunda posición en 51:18. Se impone a la parisina Jeanne Rouhier, cuyo crono final es de 54:43. El resto del top 10 se estira, pero sigue compacto, con diferencias mínimas y una batalla real hasta la meta.

Correr por Gironda nunca es solo correr

A medida que pasan los kilómetros, vuelve una evidencia. Esta carrera no se parece a las demás. Se atraviesan propiedades que normalmente permanecen cerradas, se recorren hileras de viñas clasificadas por la Unesco y se cruza uno con voluntarios que conocen cada piedra del recorrido. Más de 5.000 corredores, pero la sensación de intimidad se mantiene. Quizá sea gracias a esas pausas improvisadas en los avituallamientos, donde el agua a veces comparte espacio con las degustaciones.

O quizá a esas conversaciones entre desconocidos convertidos en compañeros de fatigas durante una subida demasiado larga. Desde su creación en 2015 por Jean Aboudaram, el evento se ha hecho un sitio propio. Una carrera que mezcla deporte, patrimonio y compromiso. El Rotary Club de Libourne Saint-Émilion ya ha donado más de 755.000 euros a la investigación médica. Una edición redonda.

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