William Goodge, una hazaña que divide opiniones

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Por Charles-Emmanuel Pean

Publicado el mié, 9 de septiembre de 2026

Actualizado el mié, 9 de septiembre de 2026

William Goodge, una hazaña que divide opiniones
© @williamgoodge

El inglés William Goodge acaba de pulverizar el récord de la travesía de Australia. En solo 34 días, recorrió los 3.800 kilómetros entre Cottesloe Beach, en Perth, y Bondi Beach, en Sídney. Un desafío sobrehumano completado a una velocidad inédita. ¿Demasiado? Muchos comentaristas de la comunidad runner han expresado sus dudas.

La hazaña: dos maratones y media al día bajo un sol abrasador

¿Hasta dónde llegará el ser humano? A la vista de los récords y las hazañas que caen con tanta frecuencia en el mundo del running, nadie puede responder a esa pregunta. Por eso, la actuación de William Goodge para batir el récord de la travesía de Australia resulta impresionante: 110 km diarios durante 34 días, bajo un sol implacable y sobre un terreno desértico, de una exigencia extrema para el cuerpo y la mente. William Goodge lo ha conseguido, rebajando en 3 días el récord anterior de Chris Turnbull (2023). Si no lo conoces, Goodge fue modelo y jugador de rugby en la tercera división británica (semiprofesional) antes de convertirse en ultramaratoniano. Como ultrarunner, ha recorrido de punta a punta el Reino Unido y afirma ser el británico más rápido en cruzar Estados Unidos (55 días). Sus hazañas sirven para recaudar fondos destinados a la investigación contra el cáncer, una enfermedad que sufrió su madre, fallecida en 2018. A ella dedica su actuación en Australia. Al llegar a Sídney tras completar su desafío australiano, rindió homenaje a su madre, Amanda: «era la persona más importante de mi vida». El carismático inglés cuenta con 250.000 seguidores en Instagram, muchos más que numerosos corredores profesionales, y tiene una larga lista de patrocinadores conseguidos a lo largo de sus hazañas.

Una hazaña... y muchos escépticos

El problema es que la gran hazaña de William Goodge está siendo muy comentada desde su llegada a Sídney el pasado 19 de mayo, especialmente en su país natal. Muchas voces se han alzado dentro de la comunidad runner. William Goodge corrió una media de 110 km diarios a un ritmo de 7 minutos por kilómetro y, sobre todo, con una frecuencia cardíaca media de 100 latidos por minuto. Sin embargo, cruzar Australia es una prueba extremadamente exigente: más del 60 % del recorrido atraviesa zonas muy aisladas. Correr 110 km cada día en esas condiciones requiere una forma física de élite, una logística impecable y, sobre todo, transparencia. Y es precisamente en este último punto donde la historia se complica. Goodge utilizó un dispositivo de seguimiento Garmin y compartió sus avances en Strava, dos herramientas que exigen Guinness World Records y Fastest Known Time (FKT) para homologar un récord de este tipo.

Sin embargo, se han detectado incoherencias que hoy dificultan la homologación del récord: se registraron desplazamientos a más de 80 km/h y su frecuencia cardíaca media resulta sorprendentemente baja para jornadas de más de 14 horas en un clima hostil... Expertos como Alex Hutchinson (autor del superventas Endure: Mind, Body, and the Curiously Elastic Limits of Human Performance) han cuestionado la plausibilidad fisiológica de Goodge: «Lo preocupante es cuando los datos son incoherentes. Un ritmo determinado debería corresponderse con una frecuencia cardíaca concreta para cada individuo. Una frecuencia cardíaca tan baja en distancias disparatadas no es imposible, pero sí altamente improbable, sobre todo si solo ocurre cuando nadie está mirando». El ultrarunner Robert Pope declaró a un medio británico en abril, durante la travesía de Goodge, que «su frecuencia cardíaca no tiene sentido», aunque precisó que esperaba que los récords de Goodge fueran auténticos. Si la actuación de William Goodge despierta tanto escepticismo es porque recuerda algunos episodios poco edificantes...

El precedente de Robert Young

Los ultras ya han conocido a sus impostores. En 2016, el británico Robert Young fue sorprendido haciendo trampas durante su travesía de Estados Unidos: utilizaba una autocaravana con regularidad. Young acabó abandonando el intento, alegando una fractura en un dedo del pie. La comunidad runner «vigila» las nuevas hazañas: en el caso Young, incluso se involucró el legendario director de la Barkley, Lazarus Lake. No se juega con la autenticidad de un deporte tan respetado por quienes lo practican. El problema para Goodge es que muchos elementos recuerdan a aquella historia de fraude: frecuencia cardíaca anormalmente baja, registros GPS erráticos y ausencia de testigos independientes en buena parte del recorrido. William Goodge se ha justificado en ocasiones de forma extraña, especialmente tratándose de un corredor que parece disfrutar de la notoriedad.

El 15 de mayo, en el trigésimo día de su travesía, pidió que dejaran de seguirlo: «mentalmente es demasiado para mí. Tengo que terminar solo». Ya en 2023, durante su travesía de Estados Unidos, William Goodge había tenido problemas con un hombre que quería verlo más de cerca. El científico Will Cockerell aseguró que el equipo de Goodge había lanzado piedras contra su coche... Elementos que arrojan dudas sobre su actuación australiana, aunque no bastan para desacreditarla por completo. El beneficio de la duda. Más aún cuando cuesta imaginar que un hombre que corre en memoria de su madre y para apoyar la lucha contra el cáncer pueda hacer trampas.


La era de las redes sociales: ¿el fin justifica los medios?

Esta desafortunada controversia, cuando lo que nos habría gustado era celebrar sin más su hazaña, reúne muchos de los síntomas de nuestra época: el peso de las redes sociales, los celos entre «influencers» y corredores profesionales y fenómenos, por desgracia, inherentes a las redes sociales. William Goodge es carismático, rápido y arrastra a una enorme comunidad de seguidores. Todo ello alimenta cierto recelo. Pero la posibilidad de que haya hecho trampas también existe, vista la presión que exige su «estatus» de influencer ante su público y sus patrocinadores. ¿Podemos estar seguros de que William Goodge antepone la autenticidad de sus hazañas a sus objetivos personales? ¿Acaso el fin, los patrocinadores, el dinero recaudado para la lucha contra el cáncer, mantener a la comunidad que hoy le permite vivir y el ego no justifican los medios?

Son preguntas que preferimos dejar abiertas en una época atravesada por este tipo de dilemas.