Mantener la motivación: la clave para rendir y disfrutar de la carrera durante años

Mantener la motivación: la clave para rendir y disfrutar de la carrera durante años

MP
Por Marie Paturel

Publicado el mié, 9 de septiembre de 2026

Actualizado el mié, 9 de septiembre de 2026

No nos engañemos: muchas veces, lo más difícil de correr es mantener viva la motivación. Basta con que llueva o haga un poco de frío para encontrar una excusa, casi siempre poco convincente, que nos libre de calzarnos las zapatillas. ¿Cómo mantener las ganas de correr? ¿Cómo alimentar ese impulso que no solo permite mejorar el rendimiento, sino también seguir corriendo durante años sin aburrirse?

«Sinceramente, ¿por qué corres?»: a quienes no les gusta correr les cuesta entender que alguien pueda sentir tanta pasión por el running o el trail. Dicho esto, los propios corredores no siempre saben qué les lleva a calzarse las zapatillas, sobre todo cuando están empezando. La novedad hace que entrenar resulte atractivo y los primeros objetivos, como perder peso, disputar un primer medio maratón o aceptar un reto, bastan para mantener el impulso sin hacerse demasiadas preguntas. Pero con el paso de las temporadas, los meses o los años, la motivación puede ir desvaneciéndose. Entonces resulta esencial responder a la pregunta inicial: ¿por qué nos gusta correr? De esa reflexión nacerán las ganas de seguir corriendo, llueva, nieve, sea de noche o envejezcamos de manera inevitable.

Correr por puro amor a correr

« Es una pregunta que me hacen a menudo. Me encanta competir, pero me gusta aún más correr sin más. Mucho antes de participar en mis primeras carreras oficiales, corría 15 horas a la semana. Simplemente por amor a correr. Corría cuesta arriba, corría en llano, corría en la universidad, corría hasta el supermercado, corría durante las vacaciones. Porque me gusta. Por supuesto, también paso por etapas de desmotivación, pero siempre las supero». Cuando Emelie Forsberg, icono mundial del trail running, habla de su pasión por correr, enseguida se entiende que la competición no es más que la guinda del pastel, un extra que añade una dosis de adrenalina y emoción a un amor inconmensurable por la carrera. Lo que mueve profundamente a Emelie es la sensación de bienestar, placer y armonía que experimenta al moverse en plena naturaleza, como si correr la alimentara. Probablemente sea la razón más pura y profunda que existe, y seguramente también la base más sólida para mantener la motivación a largo plazo.

Otros deportistas, como Christophe Bassons, antiguo ciclista profesional que hoy disfruta plenamente de las carreras de montaña, subrayan la importancia de practicar deporte como un niño juega con un balón: recuperar la sencilla felicidad de jugar al aire libre, ya sea corriendo, pedaleando o lanzando un balón ovalado, constituye la base de cualquier actividad deportiva vivida sin darle demasiadas vueltas. Esa pureza del disfrute permite consolidar de verdad la alegría de correr. Y si empezaste a correr por una razón distinta al amor por la carrera, como perder unos kilos o liberar estrés, también puedes recuperar el placer del niño que juega. Cuanto más corras y más cómodo te encuentres, más fácil será disfrutar simplemente de moverte al aire libre.

Motivación intrínseca y/o extrínseca

El amor puro por correr es un ejemplo perfecto, porque permite mantener la práctica deportiva a lo largo del tiempo, al margen de las circunstancias externas. Este tipo de motivación nace de necesidades, valores o emociones profundamente ligados a uno mismo y no depende de presiones externas: se denomina «intrínseca».

En cambio, existe una segunda forma de motivación, la extrínseca, que depende de factores externos: correr para complacer a la pareja o al entrenador, buscar el reconocimiento del entorno o conseguir una medalla de finisher. El riesgo de la motivación extrínseca está en su estrecha relación con las «recompensas» del entorno, es decir, con factores que no controlamos y que pueden generar decepción y desilusión. Basta con que se cancele el maratón que llevamos meses preparando para que la motivación se desplome y dejemos de entrenar. ¿Para qué seguir corriendo si el objetivo ha desaparecido?

Para reforzar la motivación no basta con definir anclajes internos sólidos, es decir, que correr tenga sentido para uno mismo. También hay que sentirse protagonista de la propia práctica, tanto en los contenidos, como el ritmo y el tipo de entrenamiento, como en los objetivos, esos retos pequeños y grandes que de verdad nos implican.

En la práctica: nuestros mejores consejos para mantener la motivación

✔ EL ANCLAJE

Toma conciencia de qué te mueve cuando corres

Piensa en lo que sientes al correr: placer, bienestar, sensación de libertad, evasión, conexión con la naturaleza… Así conseguirás que cada sesión sea un momento íntimamente ligado a ti. Ya no sufrirás los entrenamientos, sino que los vivirás como instantes propios que contribuyen a tu felicidad cotidiana.

Consejos prácticos

Antes de cada salida, cierra los ojos y repasa mentalmente todo lo que te gusta de correr. De este modo prepararás una actitud positiva para el entrenamiento que viene.

Durante la carrera, practica la meditación en movimiento: presta atención a todas las sensaciones, como el viento en la cara, el sol en los brazos o el canto de los pájaros, y acógelas sin juzgarlas. Así dejarás a un lado los pensamientos parásitos y negativos, como «soy un desastre», «me duele todo» o «se me ha olvidado sacar la basura». De este modo crearás un anclaje positivo de la actividad, que el cerebro asociará con el placer.

✔ LA AUTONOMÍA

Gana autonomía en tu práctica

Seguir un plan de entrenamiento o a un entrenador con la sensación de ser un robot sin capacidad de decisión es perjudicial para la motivación. Para mantenerse comprometido a largo plazo con cualquier actividad, hay que sentirse, como mínimo, autónomo y libre para elegir.

Consejos prácticos

Si sigues un plan encontrado en una revista o un libro, adáptalo a tu estilo de vida, tus ganas y tu estado de forma. Diseña un pequeño calendario que te apetezca seguir y anótalo en un diario de entrenamiento que irás completando después de cada sesión. Así podrás medir tus progresos y tu regularidad.

Si entrenas con un entrenador o formas parte de un club, no te limites a seguir al grupo o las instrucciones a ciegas. Haz preguntas: «¿Por qué hacemos esta sesión en este momento?», «¿Para qué sirve este ejercicio?», «¿Por qué me duelen las piernas?». ¡Implícate!

ENCUENTRA EL EQUILIBRIO ENTRE AMBICIÓN, PLACER Y PROGRESIÓN

Define objetivos realistas, motivadores y complementarios

Para mantener la motivación a largo plazo, combina distintos tipos de objetivos y aprende a adaptarlos según las circunstancias: disputar un maratón, mejorar tu capacidad para avituallarte, ganar velocidad… Elige objetivos variados y alcanzables para que cumplirlos mantenga tus ganas y tu compromiso con la práctica.

Planifica un reto personal

Mejorar tu marca personal en tu recorrido habitual, pasar tres días haciendo una travesía a pie, emprender un viaje en bicicleta durante una semana… Un «buen» reto debe responder a un deseo profundo y ser, al mismo tiempo, alcanzable y lo bastante exigente como para requerir un compromiso real con el entrenamiento.

Márcate pequeños objetivos diarios o semanales

Paso a paso, construye tu progresión definiendo etapas que superar. Aumenta la distancia, mejora tu capacidad para beber durante el esfuerzo, corre una vez por semana en ayunas o baja cada vez más rápido por un sendero pedregoso… Cumplir con regularidad objetivos de rendimiento o de habilidad aviva la motivación, porque el éxito es un generador de entusiasmo formidable.

✔ LA MOTIVACIÓN DIARIA

Si simplemente te cuesta encontrar la motivación para salir a correr cada día, prueba estos consejos

Fija días y horarios para correr durante la semana. Elige, por supuesto, momentos compatibles con tu vida familiar y laboral. Por ejemplo, puedes encajar una carrera de 30 minutos mientras el pequeño está en clase de música o reservar siempre el sábado de 9:00 a 10:00… ¡y no saltarte la cita bajo ningún concepto! Al principio los horarios pueden parecer rígidos, pero enseguida se convierten en hábitos plenamente integrados en la rutina diaria.

Si no consigues imponerte horarios fijos, planifica cada domingo la semana que tienes por delante

Con un calendario delante en el que aparezcan todos tus compromisos de los próximos siete días, marca los momentos en los que vas a correr, aunque solo sean 30 minutos… y oblígate a respetarlos como si fueran reuniones con tu jefe.

Cultiva los pensamientos positivos

Aunque empiece a llover, aunque te duelan las piernas o aunque respirar se vuelva más difícil, ¡sonríe! Cultiva una actitud positiva y valora la suerte de poder salir con tus dos piernas y moverte libremente al aire libre. Recuerda también todos los beneficios de correr para tu salud física y mental.

Crea las condiciones para una salida plenamente satisfactoria

Equípate con ropa que te haga sentir cómodo y bien, corre en un entorno que te guste y te recargue las pilas, convence a un amigo o amiga para charlar mientras corréis… Diseña una salida que te haga sentir bien.

Si te impulsa el efecto de grupo, apúntate a un club o únete a una comunidad de corredores

Por ejemplo, en las redes sociales. Podrás correr con un colectivo en el que encontrarás respuestas a tus preguntas, apoyo cuando aparezcan las dudas y motivación cuando te ataque la pereza. También puedes recurrir a un entrenador personal que te acompañe de forma individualizada y te ayude a darlo todo.


La motivación es como una planta: si no la alimentas con regularidad, se marchita y acaba muriendo. Cultivar las ganas y la voluntad de entrenar puede requerir estrategias muy distintas. ¡Elige la que mejor encaje contigo!