42,195 km bajo tierra, la versión extrema del maratón en la mina de Garpenberg, Suecia
Publicado el jue, 10 de septiembre de 2026
Actualizado el jue, 10 de septiembre de 2026
Correr un maratón suele implicar cambiar de paisaje a medida que pasan los kilómetros. A más de 1.100 metros bajo tierra, 55 corredores completaron 42,195 km en las galerías de la mina de Garpenberg, en Suecia, entre oscuridad, humedad y repetición. Una experiencia radical en la que la resistencia se pone a prueba tanto en las piernas como en la cabeza.
En la mina de Garpenberg, Suecia, el maratón adquiere una dimensión completamente distinta en octubre de 2025. No hay paisajes que pasen ni referencias habituales. Solo galerías, roca y una profundidad que cambia por completo la percepción del esfuerzo. 55 corredores llegados de 18 rincones del mundo, incluida Francia, se reunieron en el fondo de esta mina de zinc para afrontar un desafío único: 42,195 km a más de 1.100 metros bajo el nivel del mar, con el punto más bajo situado a 1.118 metros. Un dato suficiente para entender que la experiencia se sale por completo de lo habitual.
El recorrido, por su parte, impone sus propias reglas. Sin variaciones ni alivio visual, los participantes tuvieron que completar 11 vueltas a un circuito subterráneo idéntico, una y otra vez. Cada vuelta los devolvía a las mismas curvas, los mismos tramos y las mismas sensaciones. Esta repetición provoca un desgaste particular, menos espectacular que las largas rectas de un maratón urbano, pero mucho más insidioso. Muy pronto, los kilómetros dejan de distinguirse y avanzar se convierte en un reto tanto mental como físico, con la sensación constante de estar atrapado en un espacio inmóvil.
Un entorno que redefine por completo el esfuerzo
Correr a esa profundidad, en un entorno confinado, cambia radicalmente las reglas. La temperatura se mantiene estable, aunque relativamente alta, en torno a los 25 grados, mientras la humedad se convierte en un factor permanente. La ausencia total de luz natural obliga a depender por completo del frontal, que se vuelve un elemento esencial de la carrera. Sin él es imposible avanzar y, aun con él, el campo de visión sigue siendo limitado, lo que acentúa la sensación de aislamiento.
En este entorno, el silencio también desempeña un papel importante. Sin público, sin música y sin ruido exterior, solo quedan las pisadas y la respiración resonando contra las paredes. En este contexto, gestionar el esfuerzo resulta más complejo. Desaparecen las referencias habituales, el tiempo parece alargarse y el cansancio mental suele aparecer mucho antes que el físico. Aquí no tiene sentido pensar en una marca personal. El objetivo pasa simplemente por aguantar, encadenar las vueltas y mantener la lucidez hasta el final.
Un proyecto entre el rendimiento y el compromiso
Detrás de este evento fuera de lo común está BecomingX, cuyo creador es Bear Grylls, conocido por su mítica serie Supervivencia en la naturaleza (Man vs. Wild en inglés), junto con el International Council on Mining and Metals y Boliden. La ambición va mucho más allá del deporte. El británico James Mason puede presumir de haber ganado una carrera tan original como sombría. Reconocido por Guinness World Records, el maratón también forma parte de un proyecto más amplio, orientado tanto a explorar las capacidades humanas en condiciones extremas como a poner el foco en entornos industriales poco conocidos.
El evento también permitió recaudar un millón de dólares para fines benéficos, una muestra de que este tipo de desafío puede transmitir un mensaje que va más allá del rendimiento puro. En la línea de salida había perfiles muy distintos, desde corredores experimentados hasta participantes que se enfrentaban por primera vez a la distancia, pero todos acabaron lidiando con la misma realidad. En las galerías de Garpenberg, la resistencia no se mide únicamente en kilómetros. Se construye sobre la capacidad de adaptarse, aguantar y seguir avanzando en un entorno que no da tregua.