Marathon de Vannes 2025, Bretaña, zancadas y emoción a raudales
Publicado el jue, 10 de septiembre de 2026
Actualizado el jue, 10 de septiembre de 2026
Este fin de semana, la 25.ª edición del Marathon de Vannes reunió a apasionados, debutantes, participantes de relevos, familias y curiosos por las carreteras de Morbihan. Ambiente popular, paisajes de postal y grandes actuaciones. La carrera volvió a confirmar por qué se ha convertido en una cita imprescindible del otoño bretón.
Domingo 28 de septiembre. Desde la salida, situada a los pies de las murallas del casco antiguo, quedó claro el carácter de la jornada. Los corredores afrontaron un trazado exigente y espectacular, con callejuelas históricas, muelles llenos de ambiente, tramos costeros con vistas al golfo de Morbihan y secciones boscosas más recogidas. En Vannes no solo se corre contra el cronómetro: también se corre para disfrutar del paisaje. El público, fiel a la cita, se volcó. Grupos de música, bandas improvisadas, vecinos apostados en las ventanas o en los cruces… Los ánimos no dejaron de sonar. Esa mezcla de fiesta y esfuerzo forma parte del ADN del Marathon de Vannes.
Ritmo, cabeza y paisajes
La salida, a las 9:30, puso la carrera en marcha a un ritmo exigente. Enseguida, los favoritos tomaron el mando, decididos a dejar su huella en esta edición de aniversario. Los primeros 20 kilómetros cayeron a un ritmo fluido, pero al salir de la ciudad el recorrido empezó a poner a prueba las piernas: repechos traicioneros, cambios de ritmo al doblar una curva y falsos llanos interminables.
El famoso muro del maratón apareció entre los kilómetros 30 y 35 y dejó fuera de combate a varios aspirantes. Los últimos kilómetros, flanqueados por un público multitudinario, llevaron a los corredores de vuelta a la meta, en el Parc des Expositions du Chorus. Allí se alzaron los brazos y, en algunos casos, se humedecieron los ojos. Terminar, fuera cual fuera el tiempo, seguía siendo la victoria más valiosa.
Victoria de Olivier Frémy y Mélissa Fretaud
El Marathon de Vannes 2025 ofreció un espectáculo tan exigente como apasionante. Olivier Frémy, aunque es nantés, parece llevar los senderos costeros de Vannes en la piel. Habitual de las carreras locales y con un palmarés impresionante, después de ganar en 2022, volvió a levantar los brazos en primer lugar por segunda vez en este maratón, con un tiempo de 2:30:01, nuevo récord de la prueba. Llegaba respaldado por sus actuaciones en varias ediciones anteriores y en Auray-Vannes, dos semanas antes, donde marcó 1:09:33. En un recorrido exigente y poco propicio para correr rápido, el vencedor supo gestionar el esfuerzo mientras disfrutaba del paisaje y del ambiente festivo.
Tras él, Christian Dréan se hizo con la segunda plaza en 2:36:34, después de una carrera táctica en la que remontó posiciones y aprovechó los cambios de guion del recorrido. David Jaffré completó el podio masculino con un tiempo de 2:37:26. En categoría femenina, Mélissa Fretaud cruzó la meta en cabeza con 3:07:47, por delante de Laëtitia Le Corre (3:14:12) y Hélena Chenot (3:14:34). La lucha fue ajustadísima, con cambios de posición hasta el último kilómetro, en una carrera muy disputada que mantuvo al público en vilo.
Mucho más que un maratón
El evento no se reduce a los 42,195 km bretones. Vannes ofrecía también el Duo de l’Hermine, el Relais entreprises, una carrera de 20 km, la prueba nocturna Gwened e incluso una pequeña carrera de 5 km. Opciones para que cada participante encontrara su formato y disfrutara del ambiente único del fin de semana. Los voluntarios y la organización también cosecharon elogios unánimes: avituallamientos fluidos, recorrido bien señalizado y una logística perfectamente engrasada. Algunos corredores señalaron tramos algo estrechos, pero nada que empañara el balance general.
El Marathon de Vannes 2025 ofreció todo lo que se espera de una gran cita popular. Deporte, compañerismo, emoción y una buena dosis de paisajes capaces de dejar sin aliento. Para algunos fue una victoria contra el cronómetro. Para otros, la revancha después de una lesión, su primer maratón o una aventura en relevos. Para todos, un recuerdo de los que permanecen. Y ya empieza a crecer una idea en muchas cabezas: volver el año que viene para revivir esa mezcla de sudor, gritos, música y mar. Porque en Vannes cada zancada tiene aroma a Bretaña.
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