¿Por qué el Maratón de Roma es una carrera que hay que vivir al menos una vez?
Publicado el jue, 10 de septiembre de 2026
Actualizado el jue, 10 de septiembre de 2026
En Roma no se corre solo un maratón: se atraviesan veinte siglos de historia. Del Coliseo al Vaticano, el Maratón de Roma es una carrera mítica y un inmenso museo al aire libre. El perfil es rápido y las condiciones meteorológicas suelen acompañar, así que todo parece dispuesto para lograr una gran marca. Pero en este escenario ideal espera una dificultad muy particular: los adoquines romanos. Encantadores para los turistas, bastante menos para los tobillos de los corredores. Nuestra redacción ha analizado para ti el recorrido de este maratón tan especial.
Roma, un maratón en el corazón de la historia
El Maratón de Roma es, ante todo, una cuestión de ambiente. La salida se da a pocos pasos del Coliseo y la llegada, en la arena del Circo Máximo, hace que los corredores sientan que están recreando una escena de Gladiator. Cuesta imaginar un escenario mejor para afrontar la distancia reina. En apenas unas zancadas, los runners pasan del mito antiguo al caos moderno de la ciudad, atravesando grandes plazas de arquitectura majestuosa, callejuelas, puentes y basílicas. El encanto italiano, en todo su esplendor. Hugo, finisher de la carrera en 2023, guarda un recuerdo inmejorable: «Roma fue mi segundo maratón. Me encantó la experiencia. Se llega muy pronto a la plaza de San Pedro recorriendo la Via della Conciliazione, completamente cerrada al tráfico para la ocasión. Es, sencillamente, uno de los tramos más míticos que he corrido».
Con la certificación de World Athletics y el Label Elite, la carrera forma parte de los grandes maratones europeos. Hay avituallamientos cada 5 kilómetros, un ambiente fantástico en el centro histórico y miles de espectadores concentrados a lo largo del Tíber. Una gran fiesta popular. En 2025, más de 50.000 finishers cruzaron la línea de meta de los distintos eventos (5 km, maratón por relevos y maratón), entre ellos 21.000 en la distancia de maratón.
Un recorrido favorable para buscar una buena marca
Más conocido por su belleza que por sus récords, el Maratón de Roma ofrece, sin embargo, un trazado bastante corrible. Los récords de la prueba demuestran que se puede correr rápido por las calles de la capital italiana (2h06'24 en hombres y 2h22'52 en mujeres). El desnivel acumulado ronda los 100 metros, así que es un recorrido bastante llano. Algunas subidas obligarán a ajustar el ritmo durante la primera mitad, pero no hay nada especialmente duro. En definitiva, no presenta grandes dificultades.
El recorrido incluso puede favorecer un negative split, siempre que no te vengas arriba demasiado pronto. A orillas del Tíber, las largas rectas junto al río invitan a acelerar, sobre todo cuando las piernas aún están frescas y la ciudad empieza a despertarse a tu alrededor. Pero los corredores más experimentados lo saben: en Roma conviene guardar algo de gasolina para la segunda mitad, para no pagar las últimas cuestas... ni una dificultad poco habitual que define a este maratón.
Como si los 12 últimos kilómetros de un maratón no fueran ya suficientemente exigentes, los adoquines aparecen en el último tercio de la carrera, entre los kilómetros 30 y 40. El peor momento, dirán algunos, justo cuando las piernas empiezan a doler y la cabeza comienza a flaquear.
Guardo un recuerdo excelente de los diez últimos kilómetros, que transcurren por el centro histórico. Me habían avisado del «infierno de los adoquines», pero al final son bastante anchos y uniformes, salvo en algunos tramos más técnicos, especialmente un giro de 180° a la altura de la Piazza del Popolo. El final de la carrera se cuela por pequeñas callejuelas y, cuanto más avanzas, más sientes que te adentras en las entrañas y el corazón de Roma. Fue mágico.
Los adoquines romanos, un reto técnico pero asumible
A menudo se dice que los adoquines «machacan las piernas». Es cierto... a medias. En Roma, los tramos adoquinados apenas representan alrededor del 20 % del recorrido y el firme ha mejorado en los últimos años. Las zapatillas actuales, con una amortiguación generosa, absorben las vibraciones mejor que antes. Pero cuidado con los modelos ultraligeros de placa de carbono. Sobre un suelo irregular, la estabilidad está por delante de la ligereza.
La verdadera dificultad consiste en gestionarlo todo a la vez. A partir del kilómetro 30, la fatiga se instala y la lucidez se resiente, pero hay que seguir controlándolo todo: apoyar el pie en el sitio correcto, evitar las losas irregulares, mantener la fluidez de la zancada, vigilar el ritmo y acordarse de avituallarse. Demasiadas cosas para un cerebro que ya anda escaso de glucógeno. Pero correr en Roma también significa pisar siglos de historia. Estos adoquines, los sampietrini, han visto pasar carros, emperadores y peregrinos desde el siglo XVI. Su nombre procede de la plaza de San Pedro, la primera en estar cubierta con ellos. Son bloques de basalto pulidos por el tiempo, una seña de identidad de la ciudad que pueden resultar muy resbaladizos, sobre todo cuando llueve.
Sobre estas losas, a veces parece que bailas con los tobillos: la zancada se acorta y se vuelve más prudente, la mirada baja y la espalda se tensa. Muchos runners aflojan un poco, entre cinco y diez segundos más por kilómetro, para proteger las articulaciones antes de volver a acelerar sobre el asfalto unos minutos después. Para Hugo, los adoquines impresionan, pero no son tan terribles: «Guardo un recuerdo excelente de los diez últimos kilómetros, que transcurren por el centro histórico. Me habían avisado del “infierno de los adoquines”, pero al final son bastante anchos y uniformes, salvo en algunos tramos más técnicos, especialmente un giro de 180° a la altura de la Piazza del Popolo. El final de la carrera se cuela por pequeñas callejuelas y, cuanto más avanzas, más sientes que te adentras en las entrañas y el corazón de Roma. Fue mágico».
Una meta cargada de historia y emoción
Después de tanto esfuerzo, las últimas zancadas transcurren en el Circo Máximo, donde los romanos asistían antiguamente a carreras de carros y combates de gladiadores. Hoy las armas han cambiado, pero el afán de superación sigue siendo el mismo: hay que aguantar hasta el final. Para los corredores, cruzar esa línea de meta entre ruinas, en un lugar cargado de historia, es vivir un momento suspendido, una mezcla de orgullo y emoción que solo el Maratón de Roma puede ofrecer.
Información de la carrera
Fecha: 22 de marzo de 2026
Hora de salida: 8:30
Edición: 31.ª edición
Distancia: 42,195 km
Desnivel positivo: unos 100 m
Participantes: 50.000 corredores (28.000 en el maratón), 120 países representados
Récords de la carrera: Asbel Rutto (2h06'24, 2024) / Kebede Megertu Alemu (2h22'52, 2019)
Carrera certificada: Label World Athletics Elite
El Maratón de Roma no consiste simplemente en correr contra el cronómetro. También es una experiencia cultural e histórica sin equivalente en el mundo. Correr entre el Coliseo y la basílica de San Pedro, bordear el Tíber al amanecer y cruzar la meta en un lugar simbólico como el Circo Máximo, con los ánimos de los romanos, es un maratón que hay que vivir una vez en la vida. Sí, los adoquines del tramo final pueden añadir una dosis de dificultad. Pero quizá eso haga que la llegada sea todavía más especial. En un mundo de carreras diseñadas únicamente para el rendimiento, Roma conserva su legado histórico y sigue siendo un maratón de emociones, un auténtico viaje en el tiempo.
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