Maratón de Estocolmo: Edwin Kiptoo y Rebecca Chesir reinan en la Venecia escandinava
Publicado el jue, 10 de septiembre de 2026
Actualizado el jue, 10 de septiembre de 2026
Edwin Kiptoo (2:10:46) en hombres y Rebecca Chesir (2:30:58) en mujeres. La edición 2026 del Maratón de Estocolmo volvió a coronar a Kenia tras una jornada espectacular que reunió a 20.000 apasionados por las calles de la capital sueca este domingo 30 de mayo.
Antes de hablar de tiempos, conviene poner la carrera en contexto. El Maratón de Estocolmo no es una prueba cualquiera. Desde su primera edición en 1979, se ha consolidado como la gran cita del running escandinavo, la única capaz de reunir a tanta gente en las calles de una capital nórdica. Y qué capital. Estocolmo, apodada la «Venecia del Norte», está formada por 14 islas bañadas por el mar Báltico, una característica que convierte su recorrido en algo bastante único en el panorama europeo.
El trazado de 2026 partía de Östermalms IP para atravesar algunos de los barrios más emblemáticos de la ciudad: Gamla Stan y sus callejuelas medievales, Kungsholmen y su Stadshuset, Djurgården junto al agua y el moderno barrio de SoFo, en Södermalm. Después bordeaba las aguas del Báltico y cruzaba el mítico puente Västerbron. La meta estaba situada en el propio Stockholms Stadion, el estadio olímpico de 1912. Sí, el construido para los Juegos de la V Olimpiada, inaugurado el 1 de junio de aquel mismo año. Un monumento de ladrillo y de historia donde los corredores completan su aventura con una última vuelta a la pista, en uno de los estadios con más historia del mundo. Este sábado 30 de mayo, hacía falta un escenario así para dejar huella después de 42,195 km en las piernas.
Edwin Kiptoo: a 24 segundos de un récord que se resiste
En categoría masculina, Kenia zanjó el asunto sin discusión. Edwin Kiptoo cruzó la meta en 2:10:46 y se llevó una victoria tan clara como merecida en un recorrido que no está considerado el más rápido de Europa. Puentes, un ligero desnivel entre barrios y la posible brisa báltica son factores que convierten Estocolmo en una auténtica prueba de inteligencia de carrera, no solo de condición física. Su tiempo, eso sí, deja una pregunta abierta: el récord masculino del circuito, firmado por el etíope Nigussie Sahlesilassie en 2019 con 2:10:10, se resiste por apenas 24 segundos. Es fácil imaginar que una futura edición, con unas condiciones meteorológicas todavía más favorables y quizá un grupo algo más compacto por delante, podría ver caer ese registro.
Tras Kiptoo, su compatriota Luke Kiprop terminó segundo en 2:11:53, a algo más de un minuto del ganador. La tercera plaza fue para el etíope Gezu Anbese Desu con 2:13:31, completando un podio 100 % de África Oriental, una imagen casi tan habitual en las grandes carreras de ruta como el avituallamiento de mitad de recorrido. Los puestos 4.º a 6.º confirmaron el dominio keniano: Fredrick Kibii (2:14:53), Robert Ngeno (2:15:21) y Moses Kibet (2:16:55) terminaron pegados a sus compatriotas. Seis kenianos en las seis primeras plazas masculinas: eso se llama una exhibición.
Ebba Tulu Chala y el orgullo local
La verdadera sorpresa de esta edición masculina no estuvo en el podio, sino en la séptima plaza. Ebba Tulu Chala, atleta del Hässelby SK, completó los 42,195 km en 2:17:26 para convertirse en el mejor sueco del día y conquistar además el título de campeón de Suecia. Su compañero de club Linus Rosdahl le siguió en octava posición con 2:18:48. Dos atletas del mismo club sueco entre los diez primeros de su maratón nacional no es un dato menor. Dice mucho del dinamismo de la escena del running nórdico.
Más atrás, el local Heshlu Andemariam cerró el top 10 con 2:21:16, después de que el alemán Jan Lukas Becker (2:21:01) se colara entre los dos corredores nacionales. En total, 14 de los 20 primeros vestían los colores suecos, una señal de que la cultura maratoniana, durante mucho tiempo reservada a las élites africanas en pruebas de este nivel, ha echado raíces en este país de fondistas.
Rebecca Chesir gana al sprint... en 42 km
En categoría femenina, el guion bien podría haber salido de una novela. Rebecca Chesir se llevó la victoria en 2:30:58, pero la competencia le complicó la vida hasta el final. La etíope Sintayehu Lewetegn terminó solo ocho segundos por detrás, en 2:31:06. Ocho segundos después de más de dos horas y media de esfuerzo: unos 45 metros de diferencia en la meta. La etíope Hiwot Mehari completó un podio apretadísimo con 2:31:21, a 23 segundos de la ganadora. Tres mujeres separadas por menos de 30 segundos después de 42 km: uno de esos finales que te mantienen pegado a la pantalla hasta el último instante.
La mejor sueca de esta edición fue Carolina Wikström, que se impuso entre las locales con 2:34:06. Un detalle nada menor: era su primer maratón en dos años. Un regreso discreto, pero efectivo.
Grete Waitz, el fantasma de 1988 que aún ronda los podios
Pero la verdadera historia de esta carrera femenina tiene 38 años. El récord del circuito sigue perteneciendo a la noruega Grete Waitz desde 1988, sí, desde 1988, con un tiempo de 2:28:24. Para ponerlo en contexto: Grete Waitz fue una de las mejores maratonianas de la historia, nueve veces ganadora del Maratón de Nueva York entre 1978 y 1988, campeona del mundo en 1983 en Helsinki y la primera mujer en correr un maratón por debajo de 2:30, también en Nueva York, en 1979.
Con su victoria en 2:30:58, Rebecca Chesir se quedó a 2:34 del récord de la carrera. Ese registro noruego, instalado allí desde los tiempos de Reagan, Mitterrand y los primeros teléfonos móviles, parece casi una provocación para las generaciones siguientes. Y forma parte del encanto de Estocolmo: una carrera en la que la historia aparece en cada kilómetro, aunque nadie la haya invitado.
20.000 corredores, 14 islas y una ciudad de fiesta
Más allá de las élites, la 47.ª edición del Maratón de Estocolmo será recordada por su ambiente. Veinte mil participantes en la línea de salida, tres oleadas escalonadas entre las 12:00 y las 12:16 desde Östermalms IP y un tiempo de finales de mayo cercano al ideal, con temperaturas suaves y un sol generoso. El límite de 6:30 daba margen a todos los niveles, desde el semiprofesional hasta el finisher de domingo.
Lo que Estocolmo hace mejor que muchas otras ciudades, al fin y al cabo, es ofrecer un recorrido en el que cada kilómetro tiene algo que contar. El Parlamento, el Palacio Real, el Ayuntamiento y la Ópera Real aparecen a lo largo del trayecto; después llega el cruce del puente Västerbron, con vistas al Báltico, y finalmente una meta en un estadio olímpico construido hace más de un siglo. Pocas carreras en el mundo son capaces de ofrecer tanto escenario por el mismo precio de inscripción.