Correr descalzo: cuando los maratonianos vuelven a lo esencial

Dorian Vuillet
Por Dorian Vuillet

Publicado el mié, 9 de septiembre de 2026

Actualizado el mié, 9 de septiembre de 2026

Correr descalzo: cuando los maratonianos vuelven a lo esencial

En un mundo dominado por la tecnología punta aplicada al material deportivo, cada vez más maratonianos optan por dejar las zapatillas y correr descalzos. El barefoot running, lejos de ser una simple excentricidad, responde a motivaciones diversas: desde buscar una zancada más natural hasta recuperar una tradición con raíces culturales e históricas.

Todos conocemos a algún amigo un poco alocado que se lanza en cuerpo y alma a un maratón… descalzo. Y, sin embargo, uno de los principales argumentos de quienes corren sin zapatillas ni calcetines no es otro que volver a una biomecánica natural. Nuestros antepasados recorrían largas distancias sin calzado, y el pie humano está diseñado anatómicamente para absorber los impactos y propulsar el cuerpo sin artificios. Correr descalzo exige más trabajo a los músculos y tendones del pie y el tobillo, reforzando unas estructuras que a menudo se descuidan. La teoría sostiene que la ausencia de mediasuela favorece una zancada más ligera y una mejor propiocepción, lo que mejora la postura y reduce el riesgo de determinadas lesiones. Pero ¿qué impulsa a estos atletas a decantarse por el barefoot running?

Imagina correr descalzo, pisando el suelo con una ligereza recuperada y sintiendo que cada paso te conecta íntimamente con la tierra o el asfalto. El barefoot running no consiste solo en correr sin zapatillas: es una invitación a redescubrir la carrera en su vertiente más pura e instintiva. Al dejar atrás el calzado moderno, el corredor adopta una zancada más natural, activa en mayor medida la musculatura intrínseca del pie y mejora la propiocepción. Esta práctica, que requiere una transición progresiva para evitar lesiones, ofrece una experiencia sensorial única y acerca al corredor a sus raíces ancestrales.

Beneficios fisiológicos reconocidos

Varios estudios y testimonios destacan las ventajas de correr descalzo. Entre ellas se encuentran una reducción del coste energético al eliminar el peso de las zapatillas, una optimización del ciclo de estiramiento-acortamiento de músculos y tendones, así como una disminución de las fuerzas de impacto contra el suelo. Todo ello mejora la propiocepción, lo que permite una mejor adaptación a las irregularidades del terreno. Además, correr descalzo podría mejorar la técnica de carrera, ya que favorece una postura más erguida y una mayor cadencia, reduciendo el riesgo de lesiones. Tampoco hay que olvidar que la ausencia de soporte externo exige más a la musculatura intrínseca del pie y el tobillo, contribuyendo a fortalecerla. Estas adaptaciones pueden traducirse en una mejora del rendimiento y en una reducción de las lesiones asociadas a la carrera. Argumentos de peso.

Un legado cultural e histórico

Hablar de correr sin zapatillas no es algo nuevo. En 1960, el etíope Abebe Bikila ganó el maratón olímpico de Roma corriendo descalzo y se convirtió en el primer africano subsahariano en conquistar un oro olímpico. Su elección respondía al deseo de mostrar la determinación y el heroísmo de su país. Hoy, corredores como Karim El Hayani mantienen viva esta tradición al participar descalzos en pruebas como el Marathon des Sables, dando forma a una conexión profunda entre el ser humano y la tierra.

Mucho más recientemente, el fallecido plusmarquista de los 42,165 km, Kelvin Kiptum, comenzó su carrera pisando el tartán sin nada en los pies. En 2013, cuando todavía no se había iniciado formalmente en el atletismo, el keniano seguía descalzo los entrenamientos de corredores más experimentados después de cuidar cabras y ovejas. En su primera competición oficial, un medio maratón, el futuro ganador del Maratón de Londres (2h01’25) tuvo que pedir prestadas unas zapatillas, porque por entonces no tenía unas propias. Sin embargo, en sus maratones profesionales, incluido su récord mundial en Chicago en 2023 (2h00’35), Kiptum corría con zapatillas diseñadas para competir. Y no parece que le fuera nada mal en términos de rendimiento…

Una práctica que exige prudencia

Aunque los beneficios parecen numerosos, la transición a correr descalzo debe hacerse de forma progresiva. Nuestros pies, acostumbrados al soporte del calzado, necesitan tiempo para adaptarse y evitar lesiones. Por eso conviene empezar con distancias cortas y sobre superficies adecuadas, prestando mucha atención a las señales del cuerpo. Tampoco hay que descuidar la higiene: cuidar los pies es esencial para prevenir infecciones y lesiones cutáneas. Sí, es realmente importante.

Correr descalzo es, por tanto, mucho más que una simple tendencia. Para muchos maratonianos, supone reconectar con una forma de correr auténtica, respetuosa con la fisiología humana y cargada de historia. Como ocurre con cualquier práctica deportiva, informarse bien y avanzar paso a paso es la clave para disfrutar de la experiencia.

La próxima vez que te vuelvas loco buscando LA zapatilla de running que te encaje al 100 %, recuerda que también puedes prescindir de ellas.