La euforia del último kilómetro

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Por Linford Dirou

Publicado el mié, 9 de septiembre de 2026

Actualizado el mié, 9 de septiembre de 2026

La euforia del último kilómetro

Entre la fatiga muscular, la falta de energía y las emociones, el final de un maratón puede ser complejo y difícil. 42,195 km, la “distancia reina”, como nos gusta llamarla. Tan mítica como exigente. Mientras algunos consiguen mantener el ritmo hasta el final, otros trotan o caminan para llegar a la meta. Pero, pese al dolor y al cansancio, ¿cómo consigue el maratón superar los límites físicos y mentales del ser humano?

¿Cómo consigue el maratón superar los límites físicos y mentales?

A veces se dice que un maratón son “30 kilómetros con las piernas, 10 con la cabeza, 2 con el corazón y 195 metros con las lágrimas”. ¿Y si esta frase fuera casi cierta? La distancia es, sin duda, agotadora. Aun así, son muchos los finishers que consiguen completar la carrera. De media, entre un 10 y un 15 % de los participantes abandonan en esta distancia. Veamos las distintas hipótesis que explican cómo, después de horas de esfuerzo, tantas personas logran superar este desafío.

Dejarse llevar por las emociones

Es muy posible que el tramo final de la carrera esté cargado de emociones, a veces difíciles de gestionar. Los carteles que indican los kilómetros del recorrido ayudan a tomar conciencia de que la meta está cerca y de que el desafío está a punto de cumplirse.

Mantener la concentración hasta el final

Para algunos, la concentración es máxima. No hay lugar para las distracciones, ni siquiera para el ambiente del recorrido o esas pequeñas molestias musculares que pueden empezar a aparecer.

No perder de vista el objetivo

Muchos afrontan un maratón con un objetivo de tiempo, por ejemplo, bajar de 3 h 30 min. En ese caso, aferrarse al objetivo marcado al principio ayuda a mantener el ritmo y la motivación durante los últimos kilómetros de carrera.

Ir más allá del dolor

Para algunos, el final de un maratón es sinónimo de sufrimiento. Dolores musculares, ampollas, lesiones, fatiga… Las dificultades en los últimos kilómetros pueden tener muchos motivos. En ese momento hay que echar mano de una gran fortaleza mental para seguir avanzando pese al dolor. La cabeza toma el relevo de las piernas: cada paso acerca un poco más a la línea de meta. Hay que aferrarse a esos últimos metros. ¡Ánimo, lo más duro ya está hecho!

Dejarse llevar por el ambiente

Sea cual sea el tamaño y la magnitud del maratón, los últimos metros antes de la meta siempre reúnen a seguidores. Desconocidos, familiares, transeúntes… Son muchos los que animan y dan fuerzas a los corredores en pleno esfuerzo final. Gritos de ánimo, charangas, grupos de música, seres queridos a pie de recorrido… Todos esos estímulos ayudan a los deportistas a acercarse un poco más a la meta. Algunos incluso sienten que les salen alas, olvidan el dolor y se dejan llevar hacia la llegada, impulsados por la multitud.

Sean cuales sean las motivaciones y el nivel, el último kilómetro de un maratón es duro para todo el mundo. Lo más impresionante de todo es la fuerza y la abnegación necesarias para alcanzar este objetivo.