El funambulista del asfalto: Moshe Lederfien y su piña mágica

Dorian Vuillet
Por Dorian Vuillet

Publicado el jue, 10 de septiembre de 2026

Actualizado el jue, 10 de septiembre de 2026

El funambulista del asfalto: Moshe Lederfien y su piña mágica

Una piña sobre la cabeza, 42 kilómetros en las piernas y una sonrisa en cada rostro: el 21 de septiembre, el corredor israelí Moshe Lederfien, de 68 años, convirtió el maratón de Berlín 2025 en una celebración tropical. Cinco horas de esfuerzo, ni una caída y una filosofía de vida afrutada. El retrato de un hombre que corre en busca de la alegría, no del crono.

Cerca del Muro de Berlín, algunos vienen a batir récords y otros, simplemente, a terminar. Moshe Lederfien vino a hacer sonreír. El 21 de septiembre de 2025, el Maratón de Berlín fue testigo de una de esas escenas fuera de lo común: Moshe Lederfien, de 68 años, recorrió los 42,195 kilómetros de la capital alemana con una piña encaramada en la cabeza. Y no, no era una simple ocurrencia de principiante: cruzó la línea de meta tras cinco horas de esfuerzo, con la fruta inmóvil, como suspendida sobre su cabeza.

Era imposible que pasara desapercibido. Todos los espectadores y corredores que se cruzaron con él tuvieron que alzar la vista para comprobar que no se trataba de un sombrero excéntrico ni de un disfraz: era una piña de verdad, con su corona de hojas orgullosamente erguida. Berlín, ciudad de récords y tiempos históricos, tuvo su particular toque tropical.

Un recorrido, 53 maratones y una dedicación de locos

Para Moshe Lederfien, este maratón no era el primero. Desde hace varios años, el israelí recorre el mundo, de maratón en maratón, con su fiel piña. La edición de 2025 del Maratón de Berlín se convirtió en la número 54 en los 42,195 km con esta fruta exótica sobre la cabeza. Este ritual, que él mismo define como «una forma de darle sentido a la carrera», se ha convertido en su sello personal: sin accesorios ocultos, sin red de seguridad, solo el dominio del equilibrio y una disciplina fuera de lo normal.

«La gente me ve correr y yo veo la sonrisa en sus rostros, así que me siento como un rey», contaba Moshe Lederfien en 2022. Un rey sin corona, pero con una piña. Para él, el gesto no tiene nada de simple espectáculo: «La conexión entre el ser humano y la naturaleza, entre el cuerpo y la mente, no puede separarse. Por eso la piña debe permanecer sobre mi cabeza, incluso a gran velocidad», explicaba entonces.

Una filosofía a medio camino entre el arte de la postura y la meditación en movimiento, que resume con una sencillez desarmante en su canal de YouTube: «Me gusta correr maratones con una piña en equilibrio sobre la cabeza.» Esta fruta simboliza a la perfección ese equilibrio interior que cualquier corredor puede alcanzar sobre el asfalto, entre esfuerzo, resistencia y diversión.

El «Pineapple Runner», una leyenda que recorre el mundo

En Instagram, Moshe Lederfien es conocido como «Pineapple Marathon Runner». Sus fotos y vídeos dan la vuelta al mundo, entre espectadores divertidos y corredores atónitos. En cada maratón se repite la misma reacción: sorpresa, carcajadas y, a veces, admiración. Algunos espectadores incluso han empezado a seguirlo durante varios kilómetros para inmortalizar este espectáculo improbable.

Las anécdotas no faltan. Durante el maratón de Berlín de 2019, un vídeo viral lo mostraba cruzando un puente con la piña perfectamente estable, desafiando a la gravedad y al viento. En Sevilla en 2024, provocó cierta polémica: algunos aseguraron que se había «saltado» parte del recorrido y que había comenzado en el kilómetro 25.

Una actuación poética más allá del crono

Mientras muchos corredores luchan por arañar unos segundos, Moshe Lederfien recuerda que correr también puede ser una obra de arte. Mantener una piña inmóvil sobre la cabeza durante 42 kilómetros exige concentración, postura y una implicación mental comparable a la de un funambulista. La fruta se convierte en una prolongación del corredor: un indicador de equilibrio, un estandarte de ligereza y un símbolo de la alegría que quiere transmitir a todos los participantes y espectadores.

A sus 68 años, este corredor chiflado demuestra que nunca es tarde para inventar una manera propia de correr. Su esfuerzo inspira tanto como divierte. No se trata solo de terminar un maratón, sino de contar una historia y crear un momento único en medio del flujo de miles de corredores.

El maratón visto de otra manera

En un mundo dominado por el rendimiento y los récords, Moshe Lederfien parece un ovni poético. Convierte el maratón en un teatro de lo improbable, donde cada zancada es una pirueta, cada espectador un cómplice y cada kilómetro una celebración de la imaginación humana. Si la élite acude a Berlín en busca de tiempos rápidos, Moshe Lederfien corre allí en busca de sonrisas. Y la fruta que reina sobre su cabeza se convierte en algo más que una simple piña: en un símbolo de libertad, humor y perseverancia.

Entonces, ¿qué nos deparará el futuro? Quizá otro maratón, otra fruta o un accesorio aún más disparatado. Da igual, mientras haya una línea de salida y un público dispuesto a admirarlo, Moshe Lederfien seguirá caminando, o más bien corriendo, con su piña como guía.