La bigorexia forma parte de las adicciones conductuales que se instalan de manera insidiosa en la vida cotidiana. La dependencia de la actividad física es una estrategia que desarrolla la mente para resistir, seguir adelante y, a veces, sobrevivir. Un mecanismo que puede afectar a cualquier deportista, aficionado o profesional, y que incide especialmente en quienes practican deportes individuales.
✓ Análisis con Marion Baradji L’Arbalestrier, psicóloga del deporte y psicoterapeuta.
Antes de responder a la pregunta « ¿Cómo saber si uno padece bigorexia? », Marion Baradji L’Arbalestrier, psicóloga del deporte, duda. « Me cuesta un poco responder, porque las personas que llegan hasta mí ya han sido derivadas o se están haciendo preguntas », reconoce. En su consulta de Tours, atiende a pacientes muy diversos desde que obtuvo, hace unos veinte años, el máster en Psicología clínica y psicopatología del deportista en la universidad Paul-Valéry. A ella llegan atletas, en su mayoría de deportes individuales, que sufren bigorexia: algunos, empujados por familiares preocupados por los riesgos para su salud; otros, porque empiezan a tomar conciencia del control que el deporte ejerce sobre su día a día. « En lo que más me fijo es en la relación con el sufrimiento », precisa la psicóloga clínica. En ocasiones, el dolor físico queda anulado: el cuerpo envía señales, pero ya no se escuchan. Es un fenómeno llamado disociación sensorial.
Los factores de la dependencia
¿De dónde nace esta dependencia de la actividad física? Los factores son difíciles de identificar y suelen estar profundamente arraigados en la historia personal de cada uno. « Puede haber algo que haya resultado traumático, observa Marion Baradji L’Arbalestrier. Cuando se minimiza un desencadenante o se produce una invalidación emocional, queda una huella. » La bigorexia es el resultado de un conjunto de mecanismos psicológicos y sociales relacionados con la educación y la cultura. « Algo ha desestabilizado las necesidades fundamentales: seguridad, protección, afecto, estabilidad, previsibilidad, pertenencia, expresión personal, placer y, a menudo, la necesidad de límites, relacionada con ciertas carencias educativas y con la relación con el marco y las normas. »
Para hacer frente a una o varias necesidades insatisfechas, la mente desarrolla estrategias que permiten resistir, sobrevivir y seguir adelante sin venirse abajo. «Se volvieron funcionales para no derrumbarse, pero pueden convertirse en disfuncionales cuando aparece el sufrimiento. » Como describió la antigua psiquiatra y médica del deporte del INSEP, Claire Carrier, algunos deportistas « solo existen a través de las sensaciones musculares ». La adicción es un patrón disfuncional, consecuencia de experiencias vitales que han « rigidizado » la forma de funcionar, ya sea en el plano emocional, cognitivo o en las estrategias de conducta. Por tanto, los traumas no son el único factor: la bigorexia suele asentarse sobre fragilidades psicológicas ya presentes.
¿A quién afecta?
Algunos deportistas, aficionados o profesionales, pueden desarrollar dependencia del deporte. En el libro Running Addiction Scale (1990), Mary volvió a correr dos meses después de dar a luz: « El maratón está por encima de todo. Dejo a mi bebé con alguien para salir a correr. Todo el mundo me lo reprocha y está preocupado. » Los deportistas « corrientes » suelen depender sobre todo de la propia actividad, mientras que los de alto nivel, a través de sus medallas y resultados, parecen estar más impulsados por necesidades de seguridad, pertenencia y expresión personal. Las recompensas validan su legitimidad para existir. Pero cuando la carrera deportiva termina o una lesión se prolonga indefinidamente, la amenaza es seria: « Si el deporte ha servido para alimentar la autoestima, la necesidad de reconocimiento y la identidad, y no hay nada más detrás, existe un riesgo de descompensaciones graves. »
El riesgo puede manifestarse en forma de adicciones a sustancias. Como explica William Lowenstein, en el libro citado anteriormente, responsable francés de un centro de tratamiento para drogodependientes: « La práctica deportiva induce un estado de dependencia que genera un síndrome de abstinencia. Cuando se pone fin a los entrenamientos, el deportista queda expuesto a un mayor riesgo de dependencia de las drogas y el alcohol. »
Señales que deberían hacer saltar las alarmas
Existen varias pruebas, en libros especializados o en Internet, para evaluar si un corredor habitual mantiene una relación problemática con su actividad deportiva. Por ejemplo, el libro Running Addiction Scale sitúa el nivel de dependencia de la carrera a pie en una escala, positiva o negativa. El principio es sencillo: se suma un punto a afirmaciones como «corro muy a menudo y con regularidad» o «corro incluso cuando me duele mucho», y se resta en otras como «no cancelo planes con amigos para salir a correr» o «si encontrara otra forma de mantenerme en forma, no correría». La puntuación final indica un nivel de dependencia, pero no sustituye a un diagnóstico. Herramientas más recientes, como el Exercise Addiction Inventory, también exploran la adicción a la actividad física y deportiva en adultos.
Aun así, estas pruebas no sustituyen la opinión de un profesional sanitario. Fracturas por estrés recurrentes, un agotamiento persistente relacionado con un «exceso de ejercicio» y no con una «falta de entrenamiento», como creen algunos, un malestar difuso, un estado de ánimo inestable o un entorno preocupado son señales que pueden alertar. La pérdida de interés por otras actividades, la sensación de abstinencia o el malestar ante la idea de no entrenar también son indicadores que conviene tomar en serio. En algunos deportistas, la percepción del dolor está alterada: la zona central del dolor parece inhibida o disociada del resto del cuerpo. « De ahí que no sientan la necesidad de recuperarse ni el dolor de una lesión… », explica Marion Baradji L’Arbalestrier.
Consultar a un profesional no significa necesariamente padecer bigorexia. También puede servir simplemente para seguir escuchándose a uno mismo y a su cuerpo. Si durante el proceso de análisis conjunto aparece una conducta adictiva, no es el final de nada: la consulta marca el inicio de un trabajo terapéutico necesario para encontrarse mejor, paso a paso. « Al principio, la adicción cumple una función, sostiene Marion Baradji L’Arbalestrier. Un terapeuta nunca intentará derribar las defensas de su paciente mientras no tenga la certeza de que dispone de recursos para mantenerse en pie. »
La importancia del trabajo terapéutico
La bigorexia, como todas las adicciones conductuales, se trata desde el ámbito especializado de la misma manera que una adicción al juego, al sexo o al trabajo. « Trabajamos sobre el lugar donde aparecen los síntomas: el craving, es decir, el deseo irrefrenable; la impulsividad; la culpa, o el estado depresivo que puede estar detrás », confirma Marion Baradji L’Arbalestrier. Aunque las consecuencias varían según se trate de una adicción a una actividad o a una sustancia, los mecanismos psicológicos subyacentes son similares. Para acompañar eficazmente a sus pacientes, Marion Baradji L’Arbalestrier establece un seguimiento preciso y trabaja junto a médicos, fisioterapeutas, dietistas… « Lo importante es trabajar de forma multidisciplinar ». Formada en IMO, utiliza un enfoque integrador, en particular la terapia de esquemas, para comprender los patrones de funcionamiento de sus pacientes, a menudo escindidos por mecanismos de negación o desmentida.
El objetivo del trabajo terapéutico es comprender la función del síntoma o del síndrome. Este trabajo de escucha consiste en identificar la estrategia que la mente ha puesto en marcha para mantenerse en pie. « Las estrategias defensivas, y la adicción es una de ellas, pueden ser disfuncionales, costosas, consumir mucha energía o tener consecuencias », sostiene la psicóloga. La terapia explora estos mecanismos, busca comprender su origen y después vuelve a validar y legitimar aquello que quizá no estuvo equilibrado, a veces debido a una invalidación emocional pasada. « Para la mayoría de mis pacientes, ha sido necesario volver a comprender el lenguaje del cerebro y el lenguaje del cuerpo. »
Ante la menor duda sobre tu práctica, no dudes en consultar a un profesional sanitario para recibir orientación y apoyo. Las señales de dependencia pueden ser numerosas, pero a menudo resultan imperceptibles o inaudibles para quien las vive en primera persona. La atención del entorno es valiosa y debe tomarse en serio para proteger la salud.
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