Gregory David: «Correr me salvó la vida»

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Por Léana Verriere

Publicado el jue, 10 de septiembre de 2026

Actualizado el jue, 10 de septiembre de 2026

Gregory David: «Correr me salvó la vida»

Gregory David tenía 20 años cuando descubrió que vivía con una dilatación de la aorta. Una amenaza invisible que llevaba consigo desde siempre y que salió a la luz tras el ictus de su padre en 2013. Para sobrevivir, el montpellerino tuvo que someterse a una operación muy compleja, con el corazón parado durante más de cinco horas. Su destino no siempre siguió el rumbo esperado, pero supo convertirlo en una fortaleza.

Gregory, «Greg» para los amigos, tiene 32 años y está bien. Pero los últimos diez años de su vida no han sido precisamente un camino de rosas. Cuando apenas tenía 20 años, su padre sufrió un accidente cerebrovascular. A raíz de aquel episodio, le hicieron unas pruebas genéticas que revelaron que Greg y uno de sus tíos padecían una cardiopatía, concretamente una dilatación de la aorta. La noticia fue un golpe para Greg, que hasta entonces no sospechaba lo más mínimo que fuera portador de aquella malformación. Nunca había sentido molestias ni dolor. A pesar de la ausencia de síntomas, las recomendaciones fueron tajantes: nada de deporte, ningún esfuerzo que acelerara el corazón y medicación para reducir la frecuencia cardíaca. El objetivo principal era evitar cualquier presión excesiva sobre la aorta. Greg aceptó que tenía que andarse con cuidado, pero le costaba asimilar que tuviera que dejar de hacer deporte de repente. Lo recuerda así: «Me dio un bajón moral dejar de desfogarme. Era complicado: no sentía nada, pero no podía hacer deporte». La única salida que se le presentaba era la operación. Sin embargo, en aquel momento la dilatación de la aorta era mínima y no se podía operar.

Una vida a corazón abierto

Durante diez años convivió con aquella limitación y con una aorta dilatada hasta los 44 milímetros. Cada seis meses se sometía a revisiones. No había una evolución crítica, pero la incertidumbre seguía ahí, como telón de fondo. «Pensaba en ello todos los días. Vivía con una espada de Damocles sobre la cabeza». No fue hasta 2023, después de diez años, cuando pudo plantearse la operación: la dilatación de la aorta había alcanzado los 53 milímetros. Ese era el umbral necesario para poder intervenir. El proceso fue largo, con varias opiniones médicas y recomendaciones a veces contradictorias. Algunos especialistas seguían aconsejándole esperar. Greg, en cambio, sentía que había llegado el momento de actuar. «Quería avanzar. Ya no quería quedarme en tierra de nadie. Mi cirujano estaba en Montpellier y los dos sentimos que estábamos preparados; todo encajó». La operación quedó programada para el 27 de noviembre de 2023. Afrontó la intervención con plena conciencia, sin dramatismos, pero con lucidez: «Estaba preparado. Sabía que era necesario, que lo necesitaba para pasar página». Aunque confiaba plenamente en el equipo médico, conviene recordar que se trataba de una operación muy compleja. Greg podría no haber sobrevivido o haber sufrido complicaciones gravísimas.

Por suerte, la operación salió bien y no hubo complicaciones. Sin embargo, despertarse de una intervención en la que el corazón permanece parado durante cinco horas es como volver a nacer. Greg lo dice claramente: el 27 de noviembre es su nueva fecha de nacimiento. Lo recuerda así: «Al principio no me daba cuenta de nada: estaba intubado, conectado a todo tipo de máquinas y atado a la cama. Empecé a despertarme, pero no sabía de qué me estaba despertando; ni siquiera conseguía abrir los ojos. Entonces escuché a mi pareja y a mi hermano hablándome. Mi pareja me dijo: «Todo va bien, todo ha salido bien, no ha habido complicaciones». Lo primero que pensé al oírlo fue: «Estoy vivo».»

Correr, casi por casualidad

Volver a nacer a los 30 años no es algo habitual. Pero Greg prefiere quedarse con la parte positiva y no cambiaría nada si tuviera que repetirlo. ¿Por qué? Porque hoy tiene una fortaleza mental de acero y, sobre todo, ha descubierto una pasión completamente nueva: correr. Aunque al principio nada estaba garantizado. Tras la operación, la recuperación fue lenta. Durante los primeros días ni siquiera podía levantarse. Tardó casi una semana en volver a caminar: «La primera vez que me levantaron recorrí quince metros por el pasillo del hospital y me desplomé». También recuerda un momento especialmente significativo después de la operación, durante su primera sesión con la fisioterapeuta. Le pidió que hiciera un ejercicio de respiración con una botella y una pajita: tenía que soplar para hacer burbujas y aguantar el máximo tiempo posible. Dicho así parece sencillo, pero Greg aguantó cuatro segundos. No ha olvidado esas cuatro pequeñas секунды. Gracias a ellas tomó conciencia de todo el camino que aún tenía por delante. «Sabía que el personal sanitario había hecho su trabajo y que ahora me tocaba darlo todo para recuperarme».

Greg lo cuenta así: «En el centro de rehabilitación fueron poniéndome en movimiento poco a poco: bicicleta estática, caminar en cinta. Íbamos aumentando el ritmo gradualmente. Pero durante tres meses no podía correr. Durante la operación me abrieron todo el esternón y hace falta tiempo para que se consolide». Pasaron los tres meses y Greg recibió autorización para volver a correr. «Al principio no lo hacía por placer. Solo quería recuperar el cardio y volver a practicar kitesurf. Corría sin disfrutarlo». Y, sin que se diera cuenta al principio, algo empezó a cambiar. El gesto se repetía. La resistencia regresaba. La respiración se alargaba. La cabeza se despejaba. Poco a poco empezó a cogerle el gusto. «Fue surgiendo así. Al principio me aferré porque era difícil: a los 30 años había perdido la mitad de mi capacidad cardiovascular. Pero tengo que reconocer que, con el tiempo, me gustó.»

«Hoy no me cuesta decirlo: correr me salvó la vida Sabe valorar el simple hecho de poder correr y sentirse vivo, sin miedo. «Me dan pena las personas que salen de una operación a corazón abierto y no aman el deporte. A mí me sostuvo. Incluso quince minutos me despejaban la cabeza.»

«Hoy no me cuesta decirlo: correr me salvó la vida

Gregory David

Desde la operación, el camino recorrido ha sido increíble. Solo cuatro meses después de la intervención, Greg se puso un dorsal por primera vez: en los 5 km de Montpellier. Terminó, no sin esfuerzo, pero lo consiguió. Descubrió esa sensación única de ponerse un dorsal y recibir los ánimos de desconocidos. Aquel primer dorsal fue la primera línea de una bonita historia que sigue escribiendo cada día. Se ha acostumbrado a correr 10 km a diario para mantenerse en forma y cuidar ese corazón que necesita vivir con intensidad.

A sus 32 años, Greg ya ha vivido grandes aventuras. Pero su historia, su renacer, como él dice, le recuerda constantemente la suerte que tiene de estar vivo. Se lo debe a su voluntad, pero también a su familia y al equipo médico que lo acompañó: «Quería decirlo claramente: tuve enfermeros y profesionales sanitarios que hicieron un trabajo increíble y me permitieron llegar hasta aquí. Pero mi motor fueron mi familia, mis seres queridos y mi pareja. Para ellos tampoco fue fácil y siempre me animaron.»

Ahora que Greg puede mirar al futuro sin miedo por su salud, quiere resarcirse de alguna manera de aquella operación. Su revancha sería poder tomar la salida de un 100 km en 2026. Quiere seguir viviendo con intensidad, entre deporte y desafíos. Eso sí, no es un soñador ingenuo y no quiere precipitarse: «Para los 100 km no tengo una fecha concreta; no quiero saltarme etapas. Quiero hacerlo cuando esté preparado y, sobre todo, disfrutar. El siguiente paso sería correr 30 km, luego 40 km y así sucesivamente. Hacerlo en 2026 estaría genial, pero no es una obligación.»

Antes de 2026 ya tiene grandes proyectos en marcha: Greg participará en la mítica SaintéLyon. Tomará la salida de la SaintExpress, la prueba de 45 km. Y, como si el destino le guiñara un ojo, la carrera se celebrará el 29 de noviembre de 2025, dos años y dos días después de su operación. La historia de Greg demuestra que la resiliencia a menudo se escribe a pequeños pasos...

Instagram: @greg_davidd


La redacción