Frank Shorter, la primera estrella pop del running
Publicado el mié, 9 de septiembre de 2026
Actualizado el mié, 9 de septiembre de 2026
Campeón olímpico de maratón en 1972 y medallista de plata en 1976, Frank Shorter hizo historia en el fondo estadounidense. El atleta está estrechamente ligado al auge de la cultura del jogging y el running en Estados Unidos durante los años setenta, y después de retirarse desempeñó un papel clave en la lucha contra el dopaje.
Para los aficionados al running, los años setenta siguen siendo la década de la popularización de este deporte, de la mano de figuras como Kathrine Switzer (la primera mujer en completar un maratón en una competición oficial, en Boston 1967) o Steve Prefontaine. Otro personaje marcaría la historia del atletismo y contribuiría a su popularización: Frank Shorter. Nacido en Alemania, hijo de un médico militar, creció y se consagró en Estados Unidos. En la escena internacional, ganó el oro en el maratón de los Juegos Olímpicos de Múnich 1972, la primera medalla estadounidense en esta distancia desde 1908, y después la plata en Montreal 1976. Aquellos dos resultados lo convirtieron en un auténtico fenómeno en Estados Unidos y Shorter pasó a ser un símbolo.
Frank Shorter, nacido dos veces en Múnich
Su victoria más célebre fue, por supuesto, la del maratón olímpico de Múnich 1972, donde se impuso con un tiempo de 2h12:19, aventajando en más de dos minutos a su perseguidor, el belga Karel Lismont. Hay un detalle increíble que no siempre se destaca: Frank Shorter levantó la medalla de oro en su ciudad natal, él, un estadounidense nacido en Múnich 25 años antes. Un destino extraordinario para aquel corredor de zancada ligera. La hazaña fue aún más notable porque puso fin a una espera de 64 años sin un oro estadounidense en esta distancia.
Cuatro años después, en los Juegos Olímpicos de Montreal, Shorter terminó segundo y se colgó la plata, por detrás del alemán Waldemar Cierpinski… que más tarde se vería implicado en los escándalos de dopaje de la Alemania Oriental, aunque conservaría su medalla. Aquella decepción probablemente dio a Shorter la energía necesaria para luchar contra el dopaje más adelante en su carrera. Su segunda medalla olímpica le permitió entrar en el reducido grupo de maratonianos con dos medallas olímpicas. Por entonces, solo Abebe Bikila había logrado algo así (oro en 1960 y 1964). También ganó cuatro veces consecutivas el prestigioso Maratón de Fukuoka (de 1971 a 1974), fue cuatro veces campeón nacional estadounidense de cross y varias veces campeón nacional en pista.
Más allá de sus resultados, Frank Shorter siempre fue un embajador de su deporte. Una anécdota, entre tantas otras, contribuyó a construir su imagen popular: en 1975, él y Bill Rodgers, futuro ganador de los maratones de Boston y Nueva York, cruzaron juntos la meta de la Virginia 10 Miler, como se ve abajo, en una muestra de deportividad extraordinaria entre dos rivales directos. Aquel episodio contribuiría al auge de las carreras de 10 kilómetros en Estados Unidos.
Corredor, comentarista deportivo, creador de una marca…
Frank Shorter nació en Múnich el 31 de octubre de 1947, en Alemania, donde su padre estaba destinado. Pero creció en Estados Unidos, en Middletown, en el estado de Nueva York. Y creció deprisa. En 1969, con 22 años, ganó el título universitario de la NCAA en las seis millas, el equivalente a los 10 km. Después descubrió el fondo en pista y el cross, y sumó cuatro títulos nacionales antes de centrarse en el maratón. La primera de sus diez victorias en maratón llegó en 1970, en São Paulo. La carrera de Shorter se desarrolló en un contexto marcado por el auge de las carreras populares y la creciente atención de los medios. Su estilo atraía y sus apariciones públicas dejaron huella. Internet está lleno de citas suyas, entre ellas: «correr rápido es más divertido que correr despacio».
Frank Shorter siempre será un embajador del placer de correr, algo que probablemente explica una popularidad que nunca se apagó. Apasionado por su deporte, tras retirarse se convirtió en comentarista deportivo y participó en la creación de la United States Anti-Doping Agency (USADA), de la que fue presidente entre 2000 y 2003. También creó su propia marca de ropa deportiva, hoy desaparecida. En las plataformas de segunda mano todavía se pueden encontrar prendas firmadas por Frank Shorter. Pura vintage… «Jogging: a physical fitness program for all ages». En 1984 ingresó en el United States Olympic Hall of Fame por sus resultados y su compromiso con el deporte. También ha firmado numerosos libros.
Un legado duradero
El impacto de Frank Shorter en el running no se limita a sus resultados: con su victoria olímpica y sus numerosos triunfos en maratón, abrió el camino a una generación de atletas y a una nueva cultura deportiva. Su victoria puede considerarse uno de los primeros grandes momentos del marathon boom estadounidense de los años setenta, que vería surgir a corredores como Bill Rodgers, Steve Prefontaine, Amby Burfoot o Grete Waitz, además de carreras populares de éxito perdurable como las de Boston y Nueva York.
El escritor estadounidense Cameron Stracher lo entendió bien con su libro Kings of the road, How Franck Shorter, Bill Rodgers, and Alberto Salazar Made Go Boom (Reyes de la carretera, cómo Frank Shorter, Bill Rodgers y Alberto Salazar hicieron explotar el running), publicado en 2013. El libro repasa aquel periodo decisivo del deporte estadounidense, el momento en que el jogging se convirtió en running.
En efecto, el running como afición de masas en Estados Unidos y en todo el mundo recibió uno de sus grandes impulsos gracias al aura que dejó la victoria de Múnich. Frank Shorter, que hoy tiene 78 años, hizo historia no solo por las medallas que ganó, sino también por su papel en la transformación del running en un fenómeno cultural. El estadounidense no podía haberlo expresado mejor cuando dijo: «Pienso correr todo el tiempo que pueda y no pienso parar.»
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