Marie Lohéac-Bouchard, Clara Liberman, Philippine de la Bigne y Yann Schrub: las ventajas y los límites de compaginar el atletismo con otro proyecto
En Francia, son pocos los atletas que viven del atletismo, y a menudo con ingresos muy modestos. Ante esta situación inestable, la mayoría no tiene más remedio que estudiar y/o buscar un empleo.
✓ Un análisis de esta realidad de doble filo a través de los testimonios de Marie Lohéac-Bouchard, Clara Liberman, Philippine de la Bigne y Yann Schrub.
Caminar sobre la cuerda floja. Esa es a menudo la sensación de los atletas ante la precariedad de sus carreras. A veces les gusta entrenar la mitad del tiempo y trabajar por otro lado. Mantener un pie fuera del microcosmos del atletismo les ayuda a tener los pies en la tierra y, en definitiva, a sentirse como «todo el mundo». Pero detrás de ese equilibrio, que a menudo les alimenta, la necesidad económica resulta inevitable. La realidad acaba imponiéndose tarde o temprano: desde los primeros años después del instituto, sin apoyo económico de sus padres, los atletas se ven obligados a buscar trabajo. Incluso en la cima de su carrera, cuando cuentan con el respaldo de una marca de material deportivo, nada está garantizado: un patrocinador puede retirarse o un contrato no renovarse. Por eso conviene tener una idea de lo que vendrá antes de poner fin a la trayectoria deportiva. Compaginar dos proyectos se convierte así en la única manera de sobrevivir al deporte de alto nivel, durante la carrera y después de ella.
Diez años atrás, ninguna joven promesa del atletismo francés contemplaba que le pagaran únicamente por entrenar y competir. La posibilidad de vivir de su pasión no existía. Empezar unos estudios, teóricos o prácticos, era lo normal, sobre todo para quienes competían a nivel regional y rozaban las convocatorias nacionales en categoría sub-18. Para ellos, correr no era más que una afición en la que a veces destacaban.
A los 18 años, Philippine de la Bigne solo veía « el atletismo como una afición ». Ni siquiera se le había pasado por la cabeza llegar al alto nivel. « No entrenaba mucho. Bueno, iba a los Campeonatos de Francia júnior, pero sin entrenar demasiado. Dos veces por semana, tres como mucho ». Hoy, con 27 años y un récord de 4:10.43 en 1500 m desde mayo de 2024, la parisina ve su deporte de otra manera. Lo mismo le ocurrió a Marie Lohéac-Bouchard, que despuntó relativamente tarde: « En el instituto había conseguido algunos podios nacionales, pero no me habían convocado con la selección francesa. Quería estudiar Medicina, pero siempre había sido deportista, así que no me veía dejando el deporte. »
Incluso entre quienes ya competían a nivel nacional, la idea de dedicarse únicamente a correr no se imponía. Pese a sus dos medallas en los Campeonatos de Francia sub-18 y su participación en los Mundiales sub-18 de Donetsk (Ucrania), Yann Schrub no se proyectaba en el atletismo: « Para mí, al empezar Medicina, ya no podría dedicarme al atletismo. Había disfrutado mucho corriendo y ahora tocaban los estudios. »
Desde entonces, los tiempos han cambiado. Algunos jóvenes atletas consiguen atraer a marcas de material deportivo y estructurar un ambicioso proyecto deportivo. Pero el futuro sigue siendo frágil. De ahí la necesidad de preparar siempre la siguiente etapa desde los primeros años, construyendo un futuro profesional en paralelo al atletismo.
La cara oculta del alto nivel francés
Desde fuera, los aficionados al running envidian a esos atletas de marcas espectaculares, que parecen vivir de forma «privilegiada» en un universo deportivo fascinante. ¿Quién no sueña con que le inviten a carreras, aunque sean locales, para ahorrarse los treinta euros de la inscripción? ¿Quién no se ha imaginado en la línea de salida de los 10 000 m de los Juegos Olímpicos? Los atletas franceses de alto nivel son referentes y suelen proyectar una imagen positiva del atletismo, donde el entrenamiento es lo primero. Pero cuando se atraviesa esa burbuja, la realidad resulta menos glamurosa.
Muy pocos, o quizá ninguno, hablan de sus años de incertidumbre buscando una marca de material dispuesta a apoyarles. Y a veces la energía necesaria para conseguir un contrato no compensa el esfuerzo, sobre todo frente a unos estudios que sí garantizan un futuro. « Mendigabas por 500 euros, pero se iban solo en la maleta del avión. Si querías hacer una concentración que costaba 5000 euros, tenías que pedir ayuda diez veces. Casi era mejor no hacer nada y quedarse en casa, admite Yann Schrub con gran lucidez. »
Clara Liberman, plusmarquista francesa de 800 m con 1:58.82, también atravesó largos periodos de precariedad pese a contar con un sólido palmarés nacional. « Durante casi dos años vendí zapatillas, hice trabajos temporales, algo de montaje… trabajos de todo tipo », recuerda la atleta de pista del Haute Bretagne Athlétisme sobre su llegada a Rennes. Incluso más adelante, cuando su BTS audiovisual le permitió conseguir un contrato indefinido en una agencia, donde hacía montaje a media jornada, compaginándolo con un contrato temporal de comunicación en su club, lo hizo « para sobrevivir » y, sobre todo, para continuar su carrera atlética, pese a los modestos 1100 euros mensuales que cobraba. « Cuando tienes que pagar un alquiler de 550 euros, no queda gran cosa. No puedes permitirte demasiados errores», confiesa. Hoy está más tranquila tras firmar un contrato de tres años con New Balance. Nunca compartió con sus seguidores aquellos años de « penurias ». Les mostraba una progresión lineal, como si sus dos vueltas a la pista fueran el resultado de una vida dedicada por completo al atletismo.
Otros tienen más «suerte»: porque sus padres les apoyan económicamente o porque siguen entrenando donde crecieron, limitando así los gastos. Philippine de la Bigne subraya la importancia de ese entorno favorable: « Me permitió progresar porque no tenía la presión de necesitar un trabajo junto con los estudios. » Yann Schrub, cuyos padres le ayudaron con la vivienda durante sus estudios, empezó con muy pocos medios: « Mi patrocinador solo está presente desde hace un año y medio. Antes no tenía nada. Mi entrenador era voluntario, y eso era todo. En realidad no tenemos tantos gastos. Es como cualquier aficionado al running: tiene sus zapatillas. Yo las recibía gratis gracias a mi marca. Además, nos quedábamos en Nancy o Metz para entrenar. Íbamos a competir cerca, aunque yo participaba poco por culpa de los estudios. »
Correr, una válvula de escape
A los 18 años no contemplaban ganarse la vida con el atletismo. Para muchos, estudiar y seguir corriendo era lo natural, aunque sobre el papel Medicina pareciera incompatible con el atletismo. Marie Lohéac-Bouchard se centró primero en sus estudios de Medicina. Incluso creyó que tendría que dejar de correr… hasta que conoció a los hermanos Gras. « Gracias a ellos me dije que era posible seguir corriendo y compitiendo », cuenta. No aspiraba a brillar al más alto nivel, pero estaba decidida a no renunciar. Para Philippine de la Bigne, el camino fue más convencional. Estudiante de Derecho, vio cómo su « deporte favorito » iba ocupando cada vez más espacio. La relativa libertad de la universidad le permitía organizar su tiempo como quería.
El running, una práctica flexible, se convirtió en la afición perfecta para desconectar. Yann Schrub, por ejemplo, probablemente habría abandonado un deporte de equipo. Correr, en cambio, le daba libertad para seguir su plan de entrenamiento a su manera. « Cuando me cansaba de estudiar, hacia las cuatro, cogía las zapatillas y me iba al bosque. Disfrutaba durante 40 minutos y volvía ». Lo mismo le ocurría a Marie Lohéac-Bouchard. Sin imaginar que algún día alcanzaría semejante nivel, empezó a progresar durante rodajes pensados para relajarse después de jornadas agotadoras. « Es un buen equilibrio, explica. Los estudiantes de Medicina acumulan estrés enseguida y pueden quedar atrapados en un ritmo difícil, sin una válvula de escape. Tener el running al lado me permitía tomar el aire y relativizar los estudios. »
También es una forma de aprender a gestionar mejor la presión. Philippine de la Bigne lo observa ahora en su vida profesional: « El atletismo me aporta mucho en mi trabajo, especialmente en la gestión del estrés y la perseverancia. Lo veo al compararme con jóvenes abogados que no hacen deporte: a veces se desestabilizan mucho más en una vista ». Más allá del simple desahogo, correr exige una organización milimétrica y obliga a ganar eficiencia para encajarlo todo en la agenda. Marie lo ha comprobado: « Los días que no corro pienso que tengo tiempo. Me organizo peor y al final llego tarde a todo ». La campeona de Francia de 5 km en 2024 también lo constata: «Correr me aporta una disciplina que también encuentro en mi profesión. Tener una agenda estructurada evita que me quede a la deriva. Las dos cosas se alimentan mutuamente. »
Esta práctica constante acabó dando frutos. Al correr más, Marie logró su primera convocatoria con la selección francesa de cross, seguida de varias más. Philippine, por su parte, mientras preparaba el examen de acceso a la abogacía, nunca aflojó: « Me acostumbré tanto a hacer las dos cosas que a veces salir a entrenar después de estudiar durante horas resultaba liberador. Conseguía buenos tiempos », recuerda. Incluso tomaba la salida en algunos mítines durante aquella etapa tan particular. Para ambas, correr se convirtió en mucho más que una afición: un equilibrio imprescindible entre estudios y deporte, la base de un proyecto doble que iba mucho más allá de la simple práctica deportiva.
La importancia de tener una actividad al margen del atletismo
Tener una actividad fuera del running permite a los atletas tomar distancia de un deporte que a veces tiene consecuencias importantes. Quienes no tienen que elegir entre los estudios y el atletismo obtienen un beneficio evidente: se sienten mejor mentalmente, amplían su vida social y tienen la sensación de estar más cerca de las personas «normales». En cierto modo, están más integrados en la sociedad.
Desde hace unos meses, Clara Liberman es atleta profesional, un reconocimiento merecido después de años de esfuerzo para alcanzar la élite europea. « Sigo relacionándome con gente que estudia carreras normales y sé que algún día entraré en ese sistema. Por eso mis estudios son tan importantes », insiste. Le alivia que el mundo del running, y especialmente sus conocidos, entienda mejor su trabajo ahora que recibe una remuneración justa por hacerlo. Marie Lohéac-Bouchard añade: « Cuando solo te mueves en el ambiente del atletismo, es un mundo pequeño y enseguida solo hablas de eso ». Evitar encerrarse permite mantener el contacto con el mundo exterior. « Si no haces nada más, puedes aburrirte enseguida y sentirte fuera de la sociedad », concluye Clara, que quiere que la vean ante todo como una persona, no como una atleta.
Para Philippine de la Bigne, la estimulación intelectual siempre ha sido fundamental. « Prefiero encontrar un trabajo que pueda adaptar, que me permita entrenar un poco más y recuperarme, antes que no trabajar y correr el riesgo de añadir otra fuente de presión. » Dedicarse a un único ámbito puede generar estrés, porque la vida se percibe desde una sola perspectiva. Yann Schrub compara el estrés de los exámenes de Medicina con el de una competición: « En un anfiteatro tienes que mantener la concentración. En el atletismo tienes el estrés del resultado… pero una vez preparado, lo más difícil ya está hecho, igual que en el entrenamiento ». La única diferencia está en el esfuerzo físico: « En Medicina sufres menos. En el atletismo sabes que vas a pasarlo mal. »
Tener otra motivación también ayuda a atravesar las lesiones y los malos resultados. « Permite concentrarse en algo distinto de los entrenamientos », confirma Marie, que gestiona mejor su cuerpo gracias a su formación médica. Philippine de la Bigne coincide: « Cuando una competición sale mal, estar únicamente centrada en el atletismo puede ser difícil. Trabajar por otro lado ayuda a seguir avanzando y a no darle vueltas a lo ocurrido. »
Esta apertura también permite recuperarse de lo que Clara Liberman llama su « pequeña muerte » como deportista. La atleta de Rennes siente una verdadera pasión por su deporte. El final de su carrera le dolerá, y lo sabe. « Hubo momentos en los que quise dejarlo, pero algo dentro de mí me decía que era imposible, que sería como morir », confiesa. Por suerte, otros intereses también la guían. Philippine, en cambio, se siente preparada para abandonar algún día el alto nivel por completo, convencida de que su profesión de abogada la hará vibrar durante muchos años.
Cuando compaginar dos proyectos llega a sus límites
Sin embargo, este modelo no es idílico. Llevar dos proyectos a la vez no es algo innato y, sobre todo durante los primeros años, provoca fatiga crónica y tentaciones de abandonar. La carga mental puede llevar al límite. Últimamente, Marie Lohéac-Bouchard sufre lesiones con frecuencia. « Sin darme cuenta, me he lesionado mucho, seguramente por el cansancio de compaginar las dos cosas », reconoce.
Al empezar en la categoría sub-23, Clara Liberman inició una formación audiovisual al mismo tiempo que entrenaba. « Fueron los años más duros.Tenía 30 horas de clase por semana, incluido todo el sábado, y no podía faltar, relata. Los fines de semana eran para entrenar o para competir. A veces tenía programado un día de descanso el jueves, pero hacía jornadas de 8 a 21 horas… aquello no era descansar en absoluto. Se reflejó en mis resultados deportivos, que fueron los peores de mi carrera. »
Philippine de la Bigne, que también tuvo que afrontar aquel ritmo infernal, recuerda: « Quería estar en todos los frentes: ser la primera de la promoción en la universidad y una atleta de alto nivel. Invertí muchísima energía en todo y pasé todos mis años sub-23 lesionada. Generó mucha frustración, pero también aprendí a aceptar que tenía que aflojar y entender que a veces es necesario. »
Con el tiempo y la madurez, ambas encontraron su equilibrio. « Hoy trabajo tres días por semana y a veces me parece agotador, reconoce Philippine, abogada a media jornada. No entiendo cómo podía hacerlo antes. » Para Marie, la bretona que acaba de defender su tesis, el enfoque también ha cambiado: « Entreno una vez al día y doy prioridad al sueño. El beneficio es mayor que el de añadir unos cuantos kilómetros ». La perspectiva y la experiencia transforman la relación con el entrenamiento. Los atletas aprenden a gestionar la carga, proteger su salud y mantener su doble proyecto sin agotarse.
Una forma de proteger el futuro
Estudiar, para quienes tienen la posibilidad y la capacidad, ¿no es acaso asegurarse las herramientas para después de la carrera? « Tengo amigos que estudiaron menos y siempre me he preguntado cómo lo vivían psicológicamente », recuerda Yann Schrub, nuevo plusmarquista europeo de 10 km, aliviado de haber empezado Medicina justo después del instituto. Brillante desde el primer año, que aprobó en uno, el atleta de Mosela se aseguraba un futuro sin saber que también le depararía grandes sorpresas: una primera medalla de bronce en los Campeonatos de Europa de Múnich 2022, que le « cayó del cielo », otra de plata dos años después en Roma y una convocatoria para los Juegos Olímpicos de París. « Esa es la belleza del futuro. No sabemos qué va a ocurrir », sonríe. Hoy, con 29 años, Yann, nuevo plusmarquista europeo de 10 km (26:43 en Castellón), es más atleta que médico, aunque trabaja unas diez horas semanales en una consulta, « una vía de escape » que aprecia, consciente de que dentro de unos años tendrá que ejercer plenamente.
Para Philippine de la Bigne, estudiar también era algo evidente. « Era importante no depender por completo de mis padres », explica la representante de Entente Paris Université, « predestinada » a convertirse en abogada. Tenía clara su vocación desde niña, aunque, como Yann, nunca « lo apostó todo al atletismo ». Según ella, la carrera de un atleta puede prolongarse, durar y sorprender por su longevidad. Pero hay que « tener la posibilidad de recuperarse y encontrar otra salida », insiste, de acuerdo con sus padres, para quienes « estaba fuera de toda discusión » que no obtuviera un título.
La historia de Clara Liberman es algo distinta. Desde el instituto se veía en el deporte de alto nivel gracias a un programa educativo adaptado, pero su camino no estaba tan trazado como el de sus compañeros fondistas. « Al principio me equivoqué un poco al matricularme en STAPS, relata. Me lesioné y eso interrumpió mi proyecto deportivo y académico. » Se abrió una brecha y la antigua atleta del Pays de Fontainebleau eligió un BTS orientado al montaje audiovisual. Un sacrificio temporal por su carrera deportiva. « Sabía que estaba poniendo mi carrera entre paréntesis para conseguir algo mejor después. Quería asegurar un poco la parte académica y tener un título. Dos años no son tanto tiempo ». Y concluye con lucidez: « Sea cual sea tu carrera y por mucho dinero que puedas ganar, a los 30 o 35 años se acaba. »
Para todos, compaginar el atletismo con los estudios o un empleo no fue sencillo. Tuvieron que hacer sacrificios, aprender a organizarse y evitar el exceso de carga. Sin embargo, seguir corriendo les ofreció un respiro, un equilibrio social y un apoyo mental incuestionable. Ambos mundos se moldearon mutuamente, aunque cabe preguntarse: si no hubieran tenido que trabajar para financiar el día a día o preparar el futuro, ¿habrían podido apuntar más alto? Quién sabe. Cada cual tiene su propia respuesta.
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