Los 10 pasos imprescindibles de los grandes maratones: donde ocurre la magia
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Los 10 pasos imprescindibles de los grandes maratones: donde ocurre la magia

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Por Clément Laborieux

Publicado el mié, 9 de septiembre de 2026

Actualizado el mié, 9 de septiembre de 2026

Un maratón no es solo una línea de salida y una medalla en la meta. Es todo un viaje, un concentrado de emociones, paisajes y momentos suspendidos que permanecen durante mucho tiempo en la memoria de cualquier finisher. Algunos tramos de carrera se han convertido en míticos, hasta el punto de ser experiencias en sí mismas, a veces más memorables que el tiempo final. Del Vaticano de Roma al Tower Bridge de Londres, estos son los 10 pasos imprescindibles que hay que vivir al menos una vez como runner.

Roma – El Vaticano

Roma es el maratón ideal si quieres combinar patrimonio, historia y running. La carrera es una auténtica postal de la capital italiana. Pasar frente al Coliseo corta la respiración, pero correr por la Via della Conciliazione, la «calle de la Reconciliación», con la basílica de San Pedro al fondo, es un momento de pura gracia. El estruendo de la ciudad se apaga por un instante y casi parece que uno flota hacia la plaza del Vaticano. En el kilómetro 17 aparece un escenario grandioso, casi irreal. Entre el fervor italiano y el silencio sagrado, solo se escucha el golpeteo constante de las zancadas de miles de corredores sobre los adoquines. Es una de las pocas ocasiones del año en que este tramo queda reservado para la carrera. Participar en el Maratón de Roma es regalarse la oportunidad única de correr por un lugar cargado de historia.

Del Vaticano de Roma al Tower Bridge de Londres, descubre los 10 tramos míticos que emocionan a los maratonianos. Emociones, escalofríos y paisajes inolvidables.© Maratón de Roma

Madrid – El momento en que maratonianos y medio maratonianos se separan

El Maratón de Madrid es una carrera especial: una fiesta nacional del running. Tres distancias en el programa —maratón, media maratón y 10 km— y toda una ciudad vibrando al unísono. Ese día, las calles de la capital española se convierten en un festival gigantesco y el Zurich Rock‘n’Roll Running Series Madrid hace honor a su nombre: música en directo, bailarines, espectadores entregados y más de 30 puntos de animación a lo largo del recorrido. Pero el momento más emocionante llega poco antes de mitad de carrera: el famoso punto en el que los recorridos se separan. La magia está en esos corredores que se detienen para abrazar a sus seres queridos y desearles suerte antes de seguir cada uno su camino. A un lado, quienes se lanzan hacia la mítica distancia de 42,195 km; al otro, los de la media maratón o los 10 km, más prudentes, pero igual de orgullosos. Madrid es un maratón único, con su desnivel y su ambiente festivo. Una auténtica mezcla de emociones: determinación, respeto y compañerismo.

Marine Corps Marathon (Washington) – El cañonazo y el Capitolio

El Marine Corps Marathon es una carrera tradicional que se celebra en Washington, la capital de Estados Unidos. Comienza con una emoción intensa. Los runners ya están preparados en la línea de salida cuando suena el himno estadounidense, en un silencio de catedral. Después, un cañonazo marca el comienzo, como símbolo de valor y recuerdo hacia quienes sirven en el ejército. El recorrido bordea el Capitolio, atraviesa los barrios más emblemáticos de la capital estadounidense y rinde homenaje a los veteranos con pasos frente al Cementerio de Arlington y el Lincoln Memorial. La declaración de intenciones es clara: este maratón es tanto una carrera como un homenaje a los militares caídos en combate.

© Marine Corps Marathon

Boston – The Scream Tunnel

El Maratón de Boston es uno de los más prestigiosos del mundo. Una línea recta entre Hopkinton y Boston, pequeñas localidades que se suceden y una población entera celebrando a los corredores como héroes. Y hay un tramo que hace latir con especial fuerza el corazón de la carrera: el campus del Wellesley College, poco después del kilómetro 21. Aquí el ambiente es único. Miles de estudiantes, apostadas a ambos lados de la carretera, forman lo que se conoce como el “Scream Tunnel”. Llevan días preparando carteles y lemas originales para animar a los corredores. El ruido se escucha desde un kilómetro antes de llegar. Una vez dentro, todo se convierte en una avalancha de gritos, sonrisas y locura. Algunos corredores aflojan el ritmo; otros incluso se detienen para besar a las estudiantes, una tradición tan improbable como emocionante. Este túnel de decibelios forma parte del alma del Maratón de Boston: una mezcla de fervor, ternura y energía pura que hace olvidar durante unos segundos el dolor del esfuerzo.

Boston – Heartbreak Hill

Es imposible hablar de Boston sin mencionar las Newton Hills. Cuatro cuestas temibles, encadenadas entre los kilómetros 26 y 32, que destrozan las piernas tanto como la cabeza. La última, la más famosa, es Heartbreak Hill, una subida que hace honor a su nombre. La expresión nació en 1936. Aquel día, el campeón vigente Johnny Kelley adelantó a su rival Ellison Brown en la célebre subida y, para animarlo, le dio una palmada en el hombro. Pero el gesto, lejos de hundir a Brown, le dio alas: alcanzó a su rival unos instantes después y se marchó hacia la victoria. El periodista del Boston Globe Jerry Nason escribió que Brown había «roto el corazón de Kelley en la colina».

Así nació el nombre Heartbreak Hill, que desde entonces forma parte inseparable de la leyenda del Maratón de Boston. Desde entonces, esta subida se ha convertido en un símbolo de la lucha interior del corredor. Después de más de 30 kilómetros en las piernas, pone a prueba la cabeza tanto como el cuerpo y acaba con los sueños de marca de muchos participantes. Los espectadores, apostados a ambos lados de la carretera, gritan para mantener a los corredores en pie. Es una subida corta, pero rompe-piernas, con 27 m de desnivel positivo. Un momento decisivo de la carrera, en el que muchos corredores se topan de lleno con el famoso muro del maratón. Para otros, en cambio, es un momento de liberación: una vez superada la cuesta, una larga bajada los lleva hacia el centro de Boston.

Nueva York – Queensboro Bridge y First Avenue

El Queensboro Bridge es un momento clave del Maratón de Nueva York. Llega poco después del kilómetro 25, como un instante suspendido entre dos mundos. Primero, el silencio, casi religioso. Lejos de la multitud, solo se oye el sonido de las zapatillas de carbono sobre el asfalto. La vista del skyline de Manhattan es grandiosa. Después, al salir del puente, llega un auténtico concierto: First Avenue y sus miles de espectadores, enloquecidos y subidos a las vallas. Los gritos, la música, los carteles, los niños que extienden las manos: los escalofríos están garantizados en este tramo mágico del recorrido, conocido como el “muro del sonido”. Este contraste entre la calma y la energía de la ciudad forma parte de las experiencias más intensas que puede vivir un corredor. Ese chute de energía llega en el momento justo, antes de dirigirse al Bronx y afrontar las cuestas de Central Park.

París – Los Campos Elíseos

Para su maratón, París juega a lo grande. El Arco del Triunfo a la espalda, la avenida más bonita del mundo bajo los pies y una marea humana avanzando a toda velocidad. Es difícil imaginar algo más grandioso. Mantener la calma en este escenario no es fácil, sobre todo cuando la emoción del momento se impone. Pero cuidado: la adrenalina de la salida puede engañar. La bajada por los Campos Elíseos invita a acelerar cuando la carrera no ha hecho más que empezar. Es una de las trampas que hay que evitar en el Maratón de París: disfrutar del escenario excepcional, sí, pero sin venirse arriba y manteniendo el ritmo bajo control.

© ASO / Paris Marathon

Atenas – La entrada en el Estadio Panatenaico

Correr en Atenas es volver a los orígenes. Una forma de cerrar el círculo para los maratonianos más experimentados. Después de 42,195 kilómetros de esfuerzo, calor y cuestas, los corredores entran por fin en el Estadio Panatenaico, el estadio de mármol construido para los primeros Juegos Olímpicos modernos y orgullo de todos los atenienses. Las gradas blancas reflejan el sol y el público aclama a los finishers como héroes. Fue en Atenas donde echó raíces el mito del maratón, allí donde el mensajero de Maratón habría exhalado su último aliento. En ese instante, esta línea de meta tiene un sabor especial. Cada corredor siente un vínculo poderoso entre la historia y su propia carrera. Más que una simple carrera, el Maratón de Atenas es una auténtica peregrinación.

Berlín – La Puerta de Brandeburgo

Probablemente sea la imagen más icónica del maratón moderno. La línea de meta está ahí, justo después. Pero antes hay que pasar bajo la Puerta de Brandeburgo. Este monumento, escenario de la historia alemana, se convierte durante un día en un portal hacia la liberación para todos los maratonianos. El ruido del público, las banderas de las distintas naciones, la música del final de carrera: todo está preparado para vivir una llegada cargada de emoción. Cuando se menciona el Maratón de Berlín, es inevitable pensar en Eliud Kipchoge, auténtica leyenda de esta carrera, y en todos los que han escrito aquí la historia del maratón.

Para los corredores populares, este momento es una liberación. Cuando la Puerta aparece a lo lejos, saben que el sufrimiento por fin toca a su fin. Sin duda, es el tramo más fotografiado del maratón. El lugar donde los corredores, exhaustos pero transformados, encuentran en su interior unas reservas que hasta entonces desconocían. Las zancadas se alargan y el ritmo se acelera. Impulsados por los ánimos del público y por un escenario rebosante de historia, los finishers cruzan esta mítica línea de meta en un torbellino de emociones que solo el maratón sabe ofrecer.

El Maratón de Berlín 2025 se celebrará el domingo 21 de septiembre. Es una de las grandes citas de la temporada de maratones, famosa por ser la más rápida del mundo. Con un recorrido llano y rápido, la capital alemana ha visto caer nada menos que 13 récords mundiales, y la edición de 2025 promete de nuevo un espectáculo de primer nivel con Sabastian Sawe, Milkesa Mengesha, Rosemary Wanjiru y muchas otras estrellas en la línea de salida.© SCC EVENTS

Londres – Tower Bridge

El Maratón de Londres es el más popular del mundo. Para la edición de 2026, más de un millón de personas participaron en el sorteo para conseguir un dorsal. No es ningún secreto: el ambiente de esta carrera es excepcional. El momento más icónico es, sin duda, el paso por Tower Bridge. Los corredores lo cruzan poco antes de la media maratón, en el momento perfecto. Después de un largo tramo monótono, toman una curva cerrada y, de repente… el paisaje se abre. El Támesis brilla, las torres de Londres se alzan y Tower Bridge aparece por fin, majestuoso, casi irreal.

Miles de espectadores se agolpan en las aceras y el ruido se vuelve ensordecedor. Cada nombre coreado devuelve un poco de energía, un poco de orgullo a los runners. En ese instante, dejan de ser desconocidos: se convierten en las estrellas del rock del día, llevados en volandas por una multitud entregada. Es uno de esos tramos en los que la belleza del lugar amplifica las emociones: los corredores pueden saborear la suerte de estar allí. Algunos cruzan el puente con los ojos empañados, incapaces de distinguir si es sudor, lágrimas o simplemente emoción. El Maratón de Londres es eso: una fiesta popular al aire libre, y Tower Bridge es su símbolo más perfecto.

Del Vaticano de Roma al Tower Bridge de Londres, descubre los 10 tramos míticos que emocionan a los maratonianos. Emociones, escalofríos y paisajes inolvidables.© London Marathon Events

Tokio – El Palacio Imperial y Ginza

Entre los seis Majors originales, el Maratón de Tokio es quizá el más misterioso. Conseguir un dorsal no es fácil y, de los 38.000 participantes, apenas un tercio procede del extranjero, lo que refuerza la sensación de entrar en un mundo aparte. Desde la salida en Shinjuku, la densidad del pelotón te atrapa: miles de corredores arrancan en una coreografía perfectamente medida. El público japonés, más discreto que el europeo, anima con saludos, sonrisas y aplausos acompasados; un fervor menos ruidoso, pero educado y sincero.

El recorrido alterna modernidad y tradición: las arterias luminosas de Ginza, las callejuelas de Asakusa y las vistas serenas del Palacio Imperial. Allí, la carrera se vuelve casi silenciosa y meditativa. En Tokio, el maratón es tanto un desafío deportivo como una experiencia cultural: preciso, sosegado, exótico y profundamente memorable.

Detrás de cada maratón hay una ciudad, una historia y una emoción. Estos tramos míticos recuerdan que el running no es solo una cuestión de rendimiento, sino una forma de mirar el mundo de otra manera y, sobre todo, un momento para compartir. Para muchos, esos instantes valen mucho más que un tiempo. Eso es el maratón: haber vivido emociones que solo la carrera puede ofrecer.

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