Los pensamientos de un maratoniano, todo lo que pasa por la cabeza de un corredor hasta la meta
Publicado el mié, 9 de septiembre de 2026
Actualizado el mié, 9 de septiembre de 2026
Un maratón se corre con las piernas, sí, pero también, y sobre todo, con la cabeza. Detrás de cada zancada hay un pensamiento, una emoción, una pregunta, una duda o un grito interior. Desde dejar la bolsa en el guardarropa hasta cruzar la línea de meta, se desarrolla toda una aventura mental, con altibajos emocionales, euforia, dolor, alguna que otra risa y esas pequeñas voces que nos animan… o nos sabotean.
✓ Cuántos pensamientos pasan por la cabeza de un corredor durante un maratón. En este artículo te contamos todo lo que puede ocurrir en la mente de un maratoniano, desde el cajón de salida hasta el arco de meta. Una auténtica aventura y una larga reflexión.
‘1 –– “Es ahora, ya no puedes echarte atrás”
Dejar la bolsa y las pertenencias en el guardarropa, ver el arco de salida, los corredores que se agitan, el ambiente que va subiendo y el speaker hablando por el micrófono… Es en ese momento cuando el corredor se da cuenta: el maratón es hoy, es ahora y ya no hay vuelta atrás.
‘2 –– “Ya está, esto sale”
El cajón está listo, los corredores se amontonan, suena el pistoletazo y el arco de salida ya está ahí. En ese instante la carrera ha comenzado. Las primeras zancadas de un largo paseo de 42,195 kilómetros… Esto sale.
‘3 –– “Venga, me obligo a beber un poco para que pase el gel”
Ya han caído 5 kilómetros. Llega el primer avituallamiento: no hay que olvidarse de comer y beber.
‘4 –– “Primer medio maratón superado, ya está hecha la mitad de la carrera”
Efectivamente, ya han pasado 21 kilómetros. Queda lo mismo para completar este maratón. Hay que mantener el rumbo. Ánimo, todo va a salir bien.
‘5 –– “No, no, no, no voy a chocar contra el muro”
No hay que pensar en ello, pero es más fuerte que uno mismo. Se habla tanto del famoso muro del kilómetro 30 en un maratón que da miedo. Al acercarse ese punto, aparece un pensamiento intruso… Solo tiene que pasar de largo, sin acaparar nuestra atención. ¿El objetivo? Mantener la concentración y visualizar la meta.
‘6 –– “Creo que me duele un poco aquí”
Superadas las tres cuartas partes de la carrera, la fatiga y los dolores empiezan a asomar… Ay, el tobillo; ay, la espalda… En un momento puede doler todo. La meta se acerca. Ánimo.
‘7 –– “Esto es duro”
No es precisamente una noticia de última hora: sí, un maratón es duro. Pero ánimo, todo irá bien.
‘8 –– “En serio, ¿he pagado por esto?”
Sí, exactamente. Fue idea tuya, tú querías correr este maratón. Así que, aunque sea duro y queden 4 kilómetros, hay que seguir. Piensa en la meta, en la emoción y en la satisfacción de completar esta prueba mítica.
‘9 –– “Ya casi está, se acabó”
El arco se dibuja a lo lejos, el reloj indica que apenas quedan cien metros y el público se viene arriba… La meta está muy cerca, no hay duda. Ha llegado el momento de disfrutar.
‘10 –– “Se acabó, soy finisher y maratoniano”
Y sí, ha merecido la pena llegar hasta el final. Enhorabuena. Puedes sentirte orgulloso de ti mismo.
‘11 –– “Me duele todo”
La meta quedó atrás hace apenas unos minutos y ya aparecen los primeros dolores y agujetas. Ánimo, es cuestión de horas, unas 48 aproximadamente.
‘12 –– “Espero que haya ascensor o escaleras mecánicas”
Cuando, después de la carrera, toca pensar en llegar al hotel, bajar al metro o subir al avión de vuelta… Los maratonianos adoran las escaleras mecánicas. :risas:
Al final del recorrido hay mucho más que kilómetros acumulados.
Un maratón es mucho más que una carrera: es una conversación íntima con uno mismo. Cada pensamiento, cada duda, cada momento de euforia o de abatimiento marca esta aventura humana tanto como deportiva. Ya sea para convencerse de que “esto sale”, para refunfuñar por dentro porque no hay escaleras mecánicas en la meta o, peor aún, porque las únicas de la estación de metro más cercana están fuera de servicio, todos esos pensamientos forman parte de la experiencia. Y es precisamente esa riqueza interior, esa montaña rusa mental, la que hace que el maratón sea inolvidable. Sí, habrá dolor, momentos de bajón y ganas de abandonar… pero también habrá un orgullo inmenso, ese escalofrío único al cruzar la línea y una pequeña voz que, en el fondo, siempre te dirá: «Lo has hecho».
Y solo por eso entenderás por qué pagaste para sufrir… y por qué volverás a hacerlo. Enhorabuena: pese a todos esos pensamientos, más o menos positivos, ya eres finisher de una nueva carrera, y no de cualquiera: un maratón. ¡Bravo!