Running: ¿por qué un maratón mide 42,195 km?

Running: ¿por qué un maratón mide 42,195 km?

LR
Por La rédaction

Publicado el mié, 9 de septiembre de 2026

Actualizado el mié, 9 de septiembre de 2026

Los aficionados al running sabemos que la distancia del mítico maratón es de 42,195 km… pero ¿por qué tanta precisión? Detrás de esta cifra milimétrica se esconde una historia sorprendente, entre hazañas heroicas, decisiones absurdas y una pizca de capricho real. Una mirada a sus orígenes.

El origen del maratón está lleno de leyendas: ¿Por qué 42,195 kilómetros? Una pregunta que todo maratoniano, con la mente agotada y las piernas pesadas, se ha hecho al menos una vez antes de cruzar la línea de meta. ¿Por qué no 42 kilómetros exactos? ¿O incluso 40, como el mito griego que da nombre a esta carrera? En Marathons.com teníamos que hacernos todas estas preguntas.

¿Fue Fidípides el primer maratoniano?

Viajemos a un pasado muy lejano, al siglo V antes de nuestra era. En el año 490 a. C., el ejército griego derrota contra todo pronóstico a los invasores persas en la célebre batalla de Maratón. Cuenta la leyenda que un soldado y mensajero ateniense llamado Fidípides corrió sin descanso hasta Atenas, a casi 40 kilómetros, para anunciar la victoria. Al llegar al límite de sus fuerzas, el primer maratoniano de la historia, a su pesar, habría susurrado una última palabra, «Niké» (victoria en griego antiguo), antes de desplomarse tras semejante trayecto.

Pero, según el único relato de la época, el de Heródoto, el ateniense no habría corrido entre Maratón y su ciudad natal, sino entre Atenas y Esparta para pedir ayuda. Esos 250 km a pie y 36 horas para llegar a la ciudad del Peloponeso nunca se han podido verificar del todo. Desde 1983, una carrera de ultrafondo de 246 kilómetros llamada « Spartathlon » une ambas ciudades. Trágico y grandioso, este relato mitológico inspiraría a las generaciones posteriores.


Spiridon Louis entra en la historia

En los primeros Juegos Olímpicos modernos, celebrados en 1896 en… Atenas, esta epopeya de la Antigüedad encontró una nueva encarnación. El barón Pierre de Coubertin y su mano derecha, el lingüista Michel Bréal, incorporaron al programa una carrera de 40 kilómetros para homenajear a Fidípides, uniendo la llanura de Maratón con el Estadio Panatenaico de la capital griega. Así fue como el maratón entró en la leyenda del deporte internacional.

Como curiosidad, aquella primera carrera moderna la ganó un pastor griego llamado Spyrídon Loúis, convertido literalmente en un héroe. Durante aquella época, cada edición de los Juegos establecía su propia distancia, que oscilaba entre los 40 y los 42 kilómetros según el criterio de los organizadores. Todavía no había nada escrito en piedra.


Una familia real redibuja el maratón en 1908

Aquí es donde la historia pasa de lo noble a lo trivial. En los Juegos Olímpicos de Londres de 1908, el maratón debía cubrir la distancia clásica de 26 millas (41,843 kilómetros). Pero los caprichos de la familia real trastocaron los planes. La reina Alexandra quería que la carrera comenzara bajo las ventanas del castillo de Windsor para que sus hijos pudieran presenciar la salida. La meta, por su parte, se trasladó delante del palco real del estadio olímpico, para disfrutar de una vista perfecta.

¿El resultado? Se añadieron 385 yardas (352 metros), elevando la distancia total hasta los 42,195 kilómetros. ¿Lo más absurdo? Que aquella ampliación improvisada podría haberse quedado en una anécdota local. Pero no: acabó imponiéndose como norma internacional y, en 1921, la Federación Internacional de Atletismo (la IAAF por entonces, hoy World Athletics) ratificó oficialmente esta distancia, probablemente por pura falta de elegancia del azar o por amor al detalle inútil.


Un absurdo convertido en símbolo

Hoy, esos 42,195 kilómetros son sagrados. Todo maratoniano los conoce de memoria y cualquier corredor teme sus últimos metros. Sin embargo, pocos son conscientes de que deben esta desconcertante precisión a una reina, un césped real y unos palcos bastante prestigiosos. Pero es precisamente esa mezcla de mito antiguo y fantasía moderna la que da al maratón su sabor tan particular.

Detrás de cada zancada resuenan el eco de Fidípides y el guiño de Alexandra. Estos kilómetros cuentan una historia de sudor, ambición y una pizca de locura, capaz de unir generaciones y superar fronteras. Así que la próxima vez que escuches esta cifra tan extraña, recuerda que el maratón es mucho más que una distancia: también es un viaje a través del tiempo, una celebración de la resistencia humana y la prueba de que hasta los cambios de humor de la realeza pueden crear leyendas.

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