Estas situaciones que todo corredor ha vivido alguna vez

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Por Alanis Duc

Publicado el mié, 9 de septiembre de 2026

Actualizado el mié, 9 de septiembre de 2026

Estas situaciones que todo corredor ha vivido alguna vez

Correr es una pasión, un estilo de vida, un deporte que nos hace sentir invencibles, o casi. Porque, seamos sinceros, correr también implica vivir momentos de soledad absoluta, situaciones embarazosas y pequeños dramas de los que prescindiríamos encantados. Prepárate para revivir esas escenas que todo corredor ha vivido alguna vez.

Acelerar al cruzarte con otro runner

Es difícil no haber vivido esta situación. Correr es un deporte que une. Cuando salimos a correr, es muy habitual cruzarnos con otros apasionados de este deporte. Vas trotando tranquilamente a tu ritmo, disfrutando de tu entrenamiento, cuando de pronto aparece una silueta a lo lejos. Otro corredor. En ese instante, tu cerebro activa un mecanismo ancestral que nadie termina de explicar: aceleras. Hay varias teorías para entender este fenómeno: el ego deportivo, el instinto competitivo, el miedo a que te juzguen o ese chute de adrenalina. En fin, sea cual sea el motivo, seguramente te arrepentiste de aquella aceleración brusca unos minutos después.

Caerte delante de todo el mundo y fingir que no ha pasado nada

La historia empieza bastante bien. Sales a correr el rodaje largo del fin de semana, estás concentrado y metido en tu burbuja. Pasan los kilómetros y entonces… llega el drama. Una acera traicionera, un cordón mal atado, un movimiento en falso… y ahí estás, volando por los aires. Evidentemente, tú lo sabes, nosotros lo sabemos, todo el mundo lo sabe. El golpe es tremendo y se hace el silencio. Los peatones lo han visto todo. Reacción inmediata: salvar la dignidad. Te levantas como si no hubiera pasado nada, aunque tienes la rodilla ensangrentada y el ego sufriendo en silencio. Reanudas la marcha cojeando, pero te has levantado con elegancia.

Salir demasiado rápido y reventar

Aunque algunos son especialistas en la materia, todos hemos sufrido alguna vez un buen petardazo en carrera, más o menos importante. Sales al ritmo que crees adecuado, aunque sabes perfectamente que acabarás pagándolo. Los últimos kilómetros de la carrera se convierten en un largo vía crucis, mientras todos los que salieron con prudencia alargan la zancada y te adelantan sin ningún complejo.

Olvidarte de parar el reloj al cruzar la meta

Quedan apenas unos metros, pero ya lo sabes: vas a batir tu récord. Cruzas la línea de meta, celebras la foto de finisher que comprarás por 25 euros, gritas, lloras. Has ido a buscar ese récord después de semanas de preparación, dudas y sudor. Podrás presumir de tu tiempo en Strava. O eso pensabas, hasta que 1 h 15 min después de llegar te das cuenta de que el reloj sigue funcionando… ¡Maldito lap! Solo te queda justificarte en Strava.

Redondear los kilómetros del entrenamiento

Traileiros, corredores de asfalto, atletas de pista: todos lo hemos hecho alguna vez. Sí, hablamos de esos pequeños ir y venir delante de la puerta de casa o de dar vueltas de tres cuartos para redondear los kilómetros del entrenamiento. Y ¿sabes qué? ¡Tienes razón!

Creer que eres más rápido después de comprar unas zapatillas nuevas

En la tienda ya lucías con orgullo tus nuevas zapatillas mientras probabas el último modelo de tu marca favorita. Ibas y venías por la sección de running para ponerlas a prueba, aunque, entre nosotros, tampoco estabas probando gran cosa. En tu primer rodaje con tus nuevos cohetes, te crees el más rápido del mundo. En realidad, acabarás en casa con dos bonitas ampollas porque no te tomaste la molestia de darles un poco de uso antes de estrenarlas.

Esprintar para evitar un semáforo en rojo y arrepentirte, claro

Esto va especialmente para los corredores urbanos. Sin duda has acelerado el ritmo al ver que el semáforo para peatones estaba a punto de ponerse en rojo. Sí, una aceleración seca y contundente, como si te fuera la vida en ello, para no tener que pararte. Al final, es tu cardio el que entra en zona roja y tardas tres kilómetros en recuperarte, si es que llegas a hacerlo.

Pasar delante de un escaparate y mirarte mientras corres

¿Creías que no te habíamos visto? ¡Pillo! En ese momento piensas que corres como un profesional: zancada ligera, brazos relajados, rostro sereno. Pasas delante del escaparate de una tienda o de una agencia inmobiliaria reluciente y piensas: «A ver qué pinta tengo cuando corro». Contra todo pronóstico, aunque nosotros tampoco apostábamos por ello, el resultado es evidente: un pingüino presa del pánico. Taloneas como si estuvieras perforando un pozo de petróleo, tu zancada se parece más a la de una jirafa bebé aprendiendo a caminar que a la de un atleta olímpico y el color de tu cara se confunde con el pesto rosso. En fin, la próxima vez, mira al frente.


Por supuesto, la lista es mucho más larga, pero si ya puedes marcar buena parte de estas situaciones que todo corredor ha vivido alguna vez, es que pasas mucho tiempo corriendo.