Hash House Harriers, a contracorriente de su tiempo

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Por Charles-Emmanuel Pean

Publicado el jue, 10 de septiembre de 2026

Actualizado el jue, 10 de septiembre de 2026

Hash House Harriers, a contracorriente de su tiempo
© Le logo d'un des multiples groupes Hash House Harriers © Ann Arbor Hash House Harriers

En una época en la que el running se mide con cronómetro y se comparte en stories de Instagram, una extraña hermandad sigue corriendo por el simple placer de compartir. Los Hash House Harriers, nacidos hace casi un siglo, reivindican una práctica social y alegremente imperfecta. Entre carrera, búsqueda del tesoro y cerveza compartida, sitúan lo esencial lejos del ascetismo.

«Club de bebida con un problema de running»: basta con entrar en una web o perfil social de los Hash House Harriers para encontrarse con la filosofía del grupo. Su incorrección política es deliberada. Nacidos en la cultura anglosajona durante la primera mitad del siglo XX, los Hash House Harriers reúnen hoy a cerca de 30.000 participantes en todo el mundo. Hay unos 1.500 grupos activos repartidos en más de un centenar de países. No existe una federación de Hash House Harriers, pero la cultura del grupo es muy potente. En Francia, el fenómeno también está presente: se contabilizan 20 grupos, todos identificados y vinculados al sitio web mundial de la organización. Sus miembros sienten un fuerte apego por su «casa». Si estás en París, Toulouse, Estrasburgo o Aviñón, cerca encontrarás un grupo de alegres compañeros que propone algo singular, entre carrera a pie y búsqueda del tesoro. ¿La promesa? Correr sin presión, perderse y celebrar juntos al terminar el «juego». Viajemos hasta los orígenes del movimiento Hash House Harriers antes de repasar sus reglas.

El origen de los Hash House Harriers

La historia de los Hash House Harriers se remonta a 1938, en Kuala Lumpur, Malasia. Por entonces, un grupo de expatriados británicos, liderado entre otros por Albert Stephen Ignatius Gispert, decidió organizar carreras semanales inspiradas en un juego tradicional británico: el hare and hounds. El principio es sencillo: una o varias «liebres» marcan un recorrido con trozos de papel o harina y el resto de participantes debe seguirlo. Pero enseguida la dimensión deportiva se mezcló con otra ambición, más social. Los fundadores buscaban tanto hacer ejercicio como combatir los excesos de las celebraciones y crear vínculos. Los objetivos oficiales del grupo, fijados ya en 1950, resultan reveladores: promover la forma física, divertirse juntos y celebrar el momento alrededor de una cerveza. No hace falta decir que el abuso del alcohol es perjudicial para la salud y que este artículo no promueve la embriaguez.

Liebre (hare) y sabuesos (hounds), ilustración de 1874

El propio nombre, Hash House Harriers, procede del Selangor Club, donde sus miembros solían comer. El lugar era conocido como Hash House por la dudosa calidad de su cocina, ya que hash es un término del argot británico para referirse a una mezcla poco apetecible. Aquí aparece toda la capacidad británica para reírse de la vida cotidiana. De hecho, los grupos de Hash House Harriers suelen estar formados mayoritariamente por expatriados británicos.

Pasan los años y el movimiento cobra fuerza y se extiende progresivamente por todo el mundo. Ya en la década de 1960 aparecen nuevos capítulos en Asia, después en Europa, América y otros lugares. En 1978 se organiza en Hong Kong, entonces bastión del imperio colonial británico, el primer encuentro «internacional» de los . El espíritu original permanece intacto: una carrera sin premio ni objetivo competitivo, donde la cooperación está por encima de la competición. Los recorridos se llenan deliberadamente de pistas falsas, que obligan a los más rápidos a frenar y permiten al resto volver a unirse al grupo. Esta mecánica lúdica es uno de los pilares de la filosofía Hash: nadie debe quedarse atrás.

Las reglas del juego

Pero entonces, ¿en qué consisten exactamente esos famosos hare and hounds? Hay dos grupos de corredores: las «liebres» y los «sabuesos», siguiendo los códigos de la caza a caballo tan apreciada por la aristocracia inglesa. Una vez más, la ironía está presente en estas denominaciones. Las liebres se encargan de marcar un rastro con harina que los sabuesos deben seguir. Uno se pierde adrede, se ríe y acaba la jornada alrededor de una bebida.

El humor de los HHH, siempre presente…

Cada sesión, llamada «hash», se basa en un principio sencillo. Uno o varios participantes, los «hares», salen antes para marcar un recorrido en el suelo con harina, tiza o papel. El resto del grupo, conocido como el «pack», parte después en su búsqueda. Pero, a diferencia de una carrera clásica, el recorrido está diseñado para poner trampas. Incluye:

➜ «Checks»: zonas en las que desaparece el rastro y obligan al grupo a buscar
➜ Pistas falsas que envían a los corredores en la dirección equivocada
➜ Retrocesos
➜ Atajos o variantes

El hashing celebra la diversidad de niveles. A diferencia de muchos clubes de running, donde las diferencias de rendimiento pueden acabar creando grupos homogéneos, los Hash House Harriers diseñan sus recorridos para mantener la cohesión. Los caminos equivocados, los «checks» y los desvíos obligan a los más rápidos a esperar a los más lentos. Cada carrera termina con un momento colectivo en el que se come, se bebe y se canta. A cada participante habitual se le asigna un apodo humorístico.

Una resistencia a la modernidad

En una época marcada por el individualismo y la búsqueda del rendimiento, este enfoque puede entenderse como una forma de resistencia. Sin presentarse como un modelo, recuerda que el deporte también puede ser una excusa para encontrarse, conversar y desconectar. Allí donde algunos intentan optimizar cada zancada, los hashers reivindican el derecho a correr «mal». Esta filosofía convierte a los Hash House Harriers en una rareza del panorama deportivo actual, pero también en una forma de resistencia cultural.

Hoy se pone en primer plano cierto ascetismo: una exigencia constante de mejorarnos, como si fuéramos máquinas y no seres humanos. En esta práctica del hashing hay una forma de sobriedad en sentido filosófico: un rechazo del exceso de control, una toma de distancia frente a esas exigencias modernas y una reivindicación del placer sencillo. Correr sin objetivo. Casi por reírse. Otra clase de carnaval. Festejar antes de volver a un mundo demasiado serio. Los recorridos pueden atravesar ciudades, bosques, terrenos embarrados o caminos improbables. Allí uno se pierde, se reencuentra y, sobre todo, se divierte.

Participantes de los Hash House Harriers en acción, tiza en mano

Es imposible hablar de los Hash House Harriers sin abordar la cuestión del alcohol. Históricamente, esta dimensión formaba parte integral de la experiencia. Por supuesto, esta tradición plantea dudas en una época en la que se comprenden mejor los problemas de salud pública relacionados con el alcohol. Aun así, conviene recordar que en la mayoría de los grupos su consumo es opcional. Muchos insisten en que cada cual es libre de participar a su manera y sin presiones. Algunos apuestan incluso por alternativas sin alcohol o por una práctica más familiar e inclusiva. Participar en un hash nunca debe significar ponerse en peligro ni verse sometido a presión social. El placer, que está en el centro de esta práctica, solo puede existir en un entorno respetuoso con todos.

Más allá de la dimensión puramente festiva, lo que despierta nuestro interés por los Hash House Harriers es esa voluntad de crear comunidad y compartir momentos de buen humor.