Los peores avituallamientos de un maratón
Publicado el mié, 9 de septiembre de 2026
Actualizado el mié, 9 de septiembre de 2026
Sabemos lo importantes que son los avituallamientos durante y después de un maratón, pero a veces también deparan alguna que otra sorpresa.✓Estos son algunos de los pequeños desastres que ya se han visto en carrera. Los avituallamientos deberían ser ese pequeño oasis que te devuelve a la vida. Solo que a veces se parecen más a una emboscada disfrazada de mesa de camping.
El agua templada, un clásico
Ola de calor, sol a plomo, asfalto ardiendo: los corredores sueñan con un vaso bien frío, pero el agua también sufre las consecuencias del calor. Qué pena. Se ha pasado tres horas al sol, dentro de un barreño. Templada, cuando no caliente. En fin, agua termal sin spa. Agua templada para todos, porque, como se suele decir, «mejor que nada».
Los plátanos verdes
Un plátano maduro es un regalo del cielo. Uno verde, una trampa diabólica. Sabor harinoso, textura de madera sin pulir y, de propina, fibras atrapadas entre los dientes hasta la meta.
¿Sopa o gazpacho? ¡Suspense!
La sopa caliente es el Grial en el kilómetro 35. Ah, la sopa: ese caldito caliente y salado que reconforta el cuerpo, el alma y el corazón cuando la carrera se hace demasiado larga y dura. Los corredores suelen pedirla: «¿Tenéis sopa?». Y si la piden es porque está buena y bien caliente. Por desgracia, no siempre es así… Entonces, ¿sopa templada o gazpacho involuntario? Nadie lo sabe. Los corredores, tampoco.
El vacío del kilómetro 30
Ya te estás imaginando tu gel dulce, tu vaso de agua y tu puñado de pasas. Pero llegas al kilómetro 30 y, sorpresa, aparece el famoso avituallamiento fantasma: no queda nada. Cero. Arrasado. Desierto. Si tienes suerte, te toca el fondo sospechoso de un vaso. ¿El muro del maratón? No, el muro de la nevera vacía. Por lo visto, mucha gente llegó aquí al límite. Ánimo, el siguiente está a 3 kilómetros.
Los Tuc empapados
Un Tuc seco y crujiente es vida. Dejemos de decir que los Tuc son para el aperitivo: los inventaron para los avituallamientos. Esta pequeña galleta salada y crujiente es la debilidad de los corredores. Está buena, tiene sal, es consistente: todo lo que un atleta puede necesitar. En cambio, no hay nada peor que un Tuc al que le han caído unas gotas, se ha hinchado y se ha empapado. El Tuc se convierte enseguida en lo peor. Y deja una mueca que tardaremos mucho en olvidar.
El agua con gas… sin gas
El agua con gas, esa aliada perfecta que permite hidratarse y reponer minerales. Da gusto. Pero el agua con gas está buena cuando tiene gas de verdad, no cuando quedan tres burbujas en el vaso después de pasar tres horas sobre la mesa del avituallamiento.
La bandeja de embutidos para todos… o casi
Fuet, un poco de jamón, paté… un festín para los carnívoros. Los vegetarianos, mientras tanto, se pelean por medio cacahuete perdido en el fondo del bol. Qué le vamos a hacer, haber corrido más rápido.
¿Sin vaso? Sin avituallamiento
La ecología manda: se acabaron los vasos. Si te has olvidado del bidón, mala suerte. Hay que llevar el propio recipiente o te toca pasar de largo, ¡qué remedio! Bebes en la fuente o sigues corriendo con la esperanza de que tu aliento te hidrate por sí solo.
¿Cómo que… nada?
Plan del recorrido: avituallamiento en el kilómetro 25. La realidad: un voluntario que se encoge de hombros. «Bueno… qué raro… hace un rato estaba aquí». Ah. Vale. Estupendo.
¿Un poco de chuletón?
Sí, sí, sí. Es posible. Bienvenidos al Marathon du Médoc, donde uno de los avituallamientos ofrece chuletón. Tranquilos, está cortado en trozos pequeños, pero después cuesta lo suyo volver a ponerse en marcha…
Los avituallamientos forman parte del ambiente de la carrera. Sean memorables o desastrosos, siempre hay de todo y luego dejan buenas anécdotas que contar. Y aunque a veces prescindiríamos encantados de ellos, hacen que cruzar la meta sea todavía más meritorio. ¡A tu salud (templada)!