¿Por qué el Maratón de París es tan difícil?
Publicado el mié, 9 de septiembre de 2026
Actualizado el mié, 9 de septiembre de 2026
Cada año, decenas de miles de corredores se lanzan a conquistar los 42,195 km del Maratón de París. Un desafío monumental, sí, pero en la capital no basta con tener buenas piernas: también hace falta una mente de acero. Como los grandes maratones del mundo, de Nueva York a Boston, el de París arrastra una reputación bien merecida. Tras sus monumentos históricos y su imagen de postal se esconde un recorrido tan exigente como inolvidable.
Un desnivel positivo nada desdeñable
Sobre el papel, el Maratón de París puede parecer bastante asequible. Una gran ciudad, una organización impecable, avenidas amplias y ni una montaña a la vista. Pero basta con observar con atención el perfil para darse cuenta de que este maratón no pertenece a la categoría de los recorridos «rodadores». Con 292 metros de desnivel positivo, mantener un ritmo constante por las calles de la capital roza la hazaña. Los falsos llanos en descenso engañan y las numerosas subidas van cargando las piernas. A diferencia de maratones llanos como Valencia o Sevilla, conocidos por sus largas rectas, el recorrido parisino obliga a cambiar de ritmo constantemente. Las reservas de energía se agotan antes de lo previsto y basta con un descuido, como saltarse un gel, para que lo que queda de carrera se convierta rápidamente en una pesadilla. En este recorrido, cada error se paga caro. Muchos se topan con el famoso muro, a veces bastante antes del kilómetro 35.
Subidas, adoquines y túneles: un cóctel explosivo para los cuádriceps
Lo que hace realmente difícil a París son esas famosas «paredes» repartidas por todo el recorrido. Desde los primeros kilómetros, el falso llano en descenso de los Campos Elíseos invita a salir demasiado rápido. Ojo con el exceso de confianza. La primera dificultad llega en el kilómetro 9, en la rue du Faubourg Saint-Antoine, con una subida tendida pero larga, de un kilómetro.
Los adoquines son otra de las señas de identidad de París. Aparecen pronto, desde las primeras zancadas en la avenue des Champs-Élysées. Pueden romper el ritmo, castigar la pisada y consumir energía, sobre todo cuando hay que concentrarse en cada apoyo. Con el paso de los kilómetros, también pueden hacer perder claridad mental.
Pero lo que más castiga son los muelles del Sena. Las rampas de acceso, esos pasos bajo los puentes, rompen por completo el ritmo e impiden mantener una velocidad regular. Una sucesión de cuatro pequeñas subidas y bajadas rompe piernas, entre los kilómetros 28 y 32, incluido el paso bajo el Pont de l’Alma, justo cuando los cuádriceps empiezan a enviar señales de fatiga. Y cuando uno ya sueña con un tramo llano… toca remontar el distrito 16 y atravesar el bois de Boulogne. Los últimos kilómetros pican hacia arriba de forma lenta pero constante, con tres subidas encadenadas entre los kilómetros 34 y 41.
Una segunda mitad de carrera mucho más exigente
No es una leyenda: la segunda parte del Maratón de París es mucho más difícil que la primera. De los 292 metros de desnivel positivo total, casi dos tercios se concentran en la segunda mitad. Cuando después del medio maratón debería tocar gestionar el esfuerzo con más serenidad, en París ocurre justo lo contrario. La carrera se vuelve más dura y exigente en el momento exacto en que las piernas empiezan a fallar. Esa dificultad explica también por qué París intimida tanto a los maratonianos que buscan una marca personal. Entre quienes afrontan sus primeros 42 km, todavía son muchos los que subestiman la importancia de la nutrición. En París, sin embargo, resulta esencial. Un maratón no se decide solo por el ritmo o la fortaleza mental: sin una estrategia nutricional sólida, el muro puede aparecer mucho antes de lo esperado.
Élites y populares: el dolor no hace distinciones
Tampoco entre la élite hace concesiones el Maratón de París. La cifra lo dice todo: entre los diez primeros hombres y mujeres, solo un corredor logró firmar un negative split — el keniano Benard Biwott, vencedor con 2h05’25, gracias a un segundo medio maratón más rápido que el primero (1h02’57 / 1h02’28). Un dato que deja clara la dureza de la segunda mitad del recorrido.
Entre los franceses, también merece reconocimiento la actuación de Loréna Méningand. Terminó como la primera francesa y estableció una nueva marca personal. Pasó el medio maratón en 1h17’55, pero también acusó la dureza del recorrido y completó la segunda mitad en 1h18’38. Más lenta, sí, pero con una actuación muy sólida en un trazado tan exigente.
También Yohan Durand sufrió sobre los adoquines parisinos. «Muscularmente, fue difícil. La zona de los muelles es muy exigente, el tiempo fue cambiante y sopló algo de viento…». El corredor de Bergerac terminó en 2h14’44, lejos de sus 2h11’56 en Valencia, logrados unos meses antes. Una diferencia que ilustra perfectamente la dureza del recorrido parisino.
El recorrido no es fácil. Muscularmente, después del kilómetro 25 fue difícil. La zona de los muelles es exigente, el tiempo fue cambiante… Y luego, en Boulogne, eché el freno de mano. Estoy muy contento de haber terminado, porque físicamente ha sido uno de los maratones más duros que he corrido.
Por todo ello se entiende aún mejor la actuación de Morhad Amdouni. En 2022 estableció en París un nuevo récord de Francia con 2h05’22 (antes de rebajarlo a 2h03’46 en Sevilla en 2024). Su tiempo en París, dadas las condiciones, merece claramente todo el respeto.
Un maratón exigente, pero cada vez más popular
A pesar de todas estas dificultades, el Maratón de París sigue siendo uno de los más populares del mundo. En 2025, 55.499 corredores cruzaron la línea de meta. ¿Por qué atrae tanto? Porque París siempre será París. Recorrer los Campos Elíseos, correr a los pies de la Torre Eiffel, bordear el Sena y pasar frente al Louvre… es difícil competir con semejante mezcla de historia y prestigio.
También es un escenario perfecto para descubrir la distancia. Muchos eligen París para vivir su primera experiencia en un maratón. Por el ambiente, los ánimos, la cercanía de familiares y amigos y, sobre todo, por lo que representa. Aunque la marca no siempre acompañe, la emoción del maratón se siente allí con más fuerza que nunca.
El Maratón de París no es el más rápido. Ni el más sencillo. Pero quizá sí sea uno de los que más emociones despiertan. Su desnivel traicionero, sus subidas escondidas y sus exigentes adoquines lo convierten en una auténtica prueba física y mental. Para disfrutarlo de verdad, conviene prepararlo bien y guardar algo de gasolina para la segunda mitad. Y, sobre todo, no hay que olvidar levantar la cabeza para saborear la oportunidad de correr por las avenidas de la ciudad más bonita del mundo.